Gustavo A. [email protected]
Con el corazón roto por la tristeza escribo este comentario. Angustia que ha venido in crescendo desde el 23 de diciembre de 1972.
Es una realidad innegable que Nicaragua sigue en el piso desde el terremoto, es como si las piernas se quebraron, y el cuerpo por más que lucha no puede ponerse en pie. Los profesionales honestos emigran, y muchos de los que se quedan en el país se envuelven en el círculo vicioso de la politiquería.
Los medios noticiosos hablados y escritos parece que disfrutan de una mezcla sadomasoquista entre la politiquería, la deshonestidad gubernamental, el crimen y la violencia engendrada por la pobreza, el subdesarrollo y la destrucción de los recursos naturales.
Larga y lenta agonía la que sufre mi patria, en la que sus peores enemigos parecen ser los que prometieron y nos indigestaron con su pomposa habla de libertad. Qué pena me da saber que mi tierra es rica en recursos, pero rodeada de miseria patriótica, y hablo de patriotismo real, no idealista. La gente necesita trabajo, educación y comida, no promesas.
¡Ay Nicaragua!… ¡nicaragüita! ¡¡¡…Tierra bendita!!!