Las personas que lo miran no se imaginan la cantidad de neuronas que quemó en Bulgaria por culpa de la física y las matemáticas. Es más, su aspecto es de una persona que nunca ha quemado una. De barba, anteojos y vestir sencillo, Francisco Javier Poveda Guevara es un Ingeniero en Microelectrónica que vende números de lotería, justo frente a las instalaciones de esa benéfica institución.
Su viaje hacia ese país europeo se debió a asuntos de trabajo. Un contingente de jóvenes nicaragüenses partió en 1984 ha reforzar la economía búlgara. “Trabajaba en una planta de energía eléctrica, pero luego de un año de estar allá solicité a la embajada nicaragüenses me gestionara una beca, y así sucedió”.
El viaje a ese país fue gracias al apoyo que su papá, don Francisco Poveda, quien desempeñaba el cargo de Secretario de la CST(Central Sandinista de Trabajadores) de Juigalpa, Chontales. “La carrera era bien pesada. Estudiamos seis años, un año de nivelación por las lagunas que llevábamos y los cinco propiamente de la carrera”.
La carga docente era muy fuerte. Iniciaban las clases a las siete de la mañana y tenían un receso a las doce del mediodía, par luego entrar a clases nuevamente a las dos de la tarde para culminar a las seis. ¡Ah!, pero eso no era todo, los sábados también recibían clases de siete de la mañana a las doce del mediodía.
“Cuando regresé, lo primero que hice fue buscar trabajo, pues yo venía inflamado porque ya era un profesional” recuerda. Pero no había tomado en cuenta un factor adverso que nos esperaba: el cambio de gobierno. “Luego comprendí que ya no eran las mismas prioridades”.
Al no encontrar trabajo en su ramo, Poveda trató de dar clases en la universidad, pero su búsqueda fue en vano. “Fui a la UNI pero me dijeron que no había plazas disponibles, así que me tiré a dar clases a domicilio de matemáticas y física”.
Tenía 29 años y ya no podía estar de mantenido. En esa época conoció a una joven, que se dedicaba a vender lotería y así empezó a desempeñar esa función. En 1992 “La Raspadita”, no permitió que Poveda abandonara la venta de lotería. “Era un juego nuevo y como tal, la gente lo compraba mucho y miré que éste me podía sacar de mi clavo”.
Luego estudió administración de empresas, pero la mensualidad en la universidad subía frecuentemente, por lo que no pudo cancelar el último semestre de quinto año y vio frustrada sus aspiraciones de obtener su título.
“Recuerdo que por Plaza España abrieron una panadería nueva, y como ya me sentía administrador, llegué a ofrecer mis servicios, pero pagaban mil córdobas al mes, y la verdad es que no me resultaba”.