El uso de productos transgénicos en alimentos de consumo humano ha provocado en los mismos la presencia de toxinas nocivas para la salud. LA PRENSA/OROZCO.

Transgénicos: ¿Son la panacea?

Silvia RibeiroEspecial para LA [email protected] Al tiempo que los alimentos transgénicos fueron lanzados al mercado como “la solución al hambre en el mundo”, la primera generación de transgénicos nos planteó la pregunta de si quienes hacían este anuncio pensaban que el mundo se podría alimentar de agrotóxicos. En efecto, pese a pomposas declaraciones tanto de […]

Silvia RibeiroEspecial para LA [email protected]

Al tiempo que los alimentos transgénicos fueron lanzados al mercado como “la solución al hambre en el mundo”, la primera generación de transgénicos nos planteó la pregunta de si quienes hacían este anuncio pensaban que el mundo se podría alimentar de agrotóxicos.

En efecto, pese a pomposas declaraciones tanto de la industria biotecnológica como de algunas academias de ciencias, más de 70 por ciento de los cultivos transgénicos sembrados hasta este año fueron modificados para ser resistentes a químicos de las propias compañías, aumentando el nivel de estos químicos tanto en el ambiente como en los residuos que permanecen en los alimentos. Más del 25 por ciento restante han sido “cultivos-insecticidas”, manipulados usando hasta límites inimaginables algunas pocas cepas de una sola bacteria —el bacillus thuringiensis o Bt— lo cual, como era lógico, produjo en poco tiempo resistencia en los insectos que se suponía iba a combatir, creando necesidad de más químicos en lugar de lo contrario, como prometían las multinacionales que lo comercializan. Por si la propia inefectividad del cultivo no alcanzara, varias universidades —Cornell en el 99 y Iowa este año— mostraron además que la presencia de la toxina de esta bacteria afectaba también a las larvas de otros insectos, como la mariposa monarca, a través del polen diseminado.

DESCUBREN TOXINA NO AUTORIZADA

Sin embargo, el escándalo de mayores proporciones de esta accidentada industria salió a la luz cuando grupos ambientalistas de Estados Unidos comprobaron en septiembre de este año que la variedad de maíz Bt Starlink, contenía una toxina insecticida (Cry9c) no autorizada por el gobierno de Estados Unidos para el consumo humano, por las reacciones alérgicas que ésta podía provocar.

Esta variedad es comercializada por Aventis Crops Sciences —la segunda compañía agrobiotecnológica mayor del mundo y una de las cinco que controlan el 98 por ciento del mercado mundial de transgénicos— se encontró en una serie de productos de consumo humano que ya estaban distribuidos no sólo por todo EE.UU, sino en muchas otras partes, incluso recién se detectó en Japón y Corea.

Aventis se vio obligada a compensar a los distribuidores para retirar del mercado los productos que podían contener esta variedad, que sólo en Estados Unidos, según el gobierno de ese país, son cerca de 300, que incluyen marcas de tacos, nachos, tortillas, tostadas y otras mercancías usadas en restaurantes, a un costo cuya cifra final, aún no puede ser determinada, se estima actualmente en los mil millones de dólares.

PRODUCTOS SIN CONTROL

– Uno de los principales distribuidores de este maíz fue Azteca Mills, con sede en Plainview, Texas, una empresa controlada por Gruma S.A., en México, en conjunto con Archer Daniels Midland, el gigante cerealero de Illinois. Parte de los tacos y similares que fueron retirados del mercado habían sido producidos por Sabritas en Mexicali, subsidiaria de la multinacional Pepsico.

– La “debacle de los tacos”, como se le ha llamado, puso en crisis no sólo a la industria, sino que también cuestionó la capacidad de los sistemas de control en Estados Unidos, ya que este tipo de maíz había sido autorizado para consumo animal, pero no para consumo humano, debido a su potencial alergénico, hecho que recientemente ha sido confirmado por un panel de expertos contratado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA), de ese país.

– También han aparecido denuncias de productores de maíz estadounidenses cuyos cultivos han sido contaminados con la proteína Cry9c, por la polinización cruzada de campos sembrados con Starlink. Y no será posible rastrear todos los productos que hayan sido manufacturados con este maíz, menos aún con maíz del cual ni siquiera los propios productores son conscientes que pueda estar contaminado.  

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