Juan Carlos Avilés [email protected]
Gran indignación fue lo que sentí al saber que la jerarquía católica censuraba la misa campesina por no ser palabra de Dios. Sin embargo, he de confesar que no esperaba menos. Es más, me hubiera extrañado si la hubieran aprobado.
Ante esta situación, me surge la interrogante: ¿Por qué? Creo que dicha misa, creada magistralmente por Carlos Mejía Godoy, simboliza lo que nosotros, como nicaragüenses podemos ofrecer a Dios: nuestras peticiones, nuestra inmensa sed de justicia y libertad, nuestras mazurcas, comidas, bailes, es decir nuestra idiosincrasia.
En ella se refleja el corazón tan sufrido del pueblo nicaragüense, y Dios necesariamente se hace presente ante el sufrimiento de su pueblo.
Sin embargo, el Vaticano la censura. Y me hago una segunda pregunta: ¿No censuraron también los romanos y la sinagoga judía a Jesús ante la prédica que Él hacía? Jesús, con su predicar, cuestionó seriamente los sistemas de injusticia de ese tiempo, y en consecuencia, no sólo fue censurado, sino también crucificado.
En estos tiempos, casi 2000 años después, la Iglesia Católica, y sobre todo su jerarquía, muestra la lejanía que tiene con su pueblo, es decir, con sus ovejas. Los que creemos en el Cristo que se hace uno solo con los sufridos, con los sedientos de justicia, no necesitamos el visto bueno del Vaticano para cantar dicha misa como alabanza a Dios, nuestro Señor.
Dicha censura, es la mejor evidencia de que la Misa Campesina es PALABRA DE DIOS.