Los jubilados en Nicaragua

Sin ánimo de comparar, ni mucho menos de denigrar a mi Nicaragua, en otros países los empleados anhelan con ansias su jubilación; aquí los trabajadores esperan ese momento con angustia y tristeza, pues significa que serán arrojados, echados y marginados totalmente de las prestaciones médicas del Seguro Social, ya que a los innumerables daños y […]

Sin ánimo de comparar, ni mucho menos de denigrar a mi Nicaragua, en otros países los empleados anhelan con ansias su jubilación; aquí los trabajadores esperan ese momento con angustia y tristeza, pues significa que serán arrojados, echados y marginados totalmente de las prestaciones médicas del Seguro Social, ya que a los innumerables daños y perjuicios que causaron los sandinistas durante su fatídico gobierno, se añade también el haberlos destituido de las mencionadas prestaciones.

Con todo respeto, ¿cómo es posible que ni doña Violeta ni el Dr. Alemán hayan sido capaces durante sus gobiernos de rescatar este derecho robado a los jubilados? ¿Cómo después de tantos años sigue perdurando esta injusticia? ¿Por qué tampoco ningún director del INSS –de los que han desfilado después de los sandinistas– ha podido salvaguardar este derecho innato a los jubilados?

Leyendo un libro sobre la senectud –de otro país– decía, entre otras líneas: “Es cierto que nuestros jubilados no viven como millonarios, pero sí la pensión que se les asigna es para que puedan vivir modestamente…”. Yo sentí un gran dolor al leer esto, pues mientras en otras partes viven modestamente los jubilados, aquí –con la cantidad exigua que reciben muchos de ellos– a duras penas alcanza para “los dulces”.

Y haciendo un breve análisis, mientras en otros lugares los jubilados gozan de muchas prerrogativas, aquí el infeliz anciano –a pesar de contar casi siempre con el escaso apoyo económico de sus familiares– carece a veces hasta de lo más indispensable; en cambio, en otras partes –además de gozar de un Seguro Médico Especial– el anciano no paga pasaje de bus o paga la mitad; aquí tiene que pagar hasta el último centavo, y muchas veces no ha terminado de poner los dos pies en el pescante del bus, cuando éste arranca violentamente arrastrando al pobre viejo al pavimento.

Es hora de que los directivos del INSS hagan una concienzuda revisión y rescaten cuanto antes este derecho perdido y olvidado de la asistencia médica de los jubilados, así como también ver qué posibilidades hay de aumentar las pocas ventajas o servicios que reciben en nuestro país, a fin de que les ayuden a llevar –al menos con cierta holgura económica– las penas y dificultades por las que atraviesan las personas de la tercera edad.

Sería también muy provechoso que el INSS dé a conocer todos los privilegios correspondientes a los actuales jubilados, pues para muchos son desconocidos, y en un futuro, el INSS entregue a los nuevos pensionados un folleto ilustrativo e indicativo donde estén estipulados sus beneficios, a fin de que el anciano se sienta satisfecho y optimista para disfrutar de los nuevos servicios que recibirá, ahora, en su calidad de jubilado.

Mirna Dávila Castellón  

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