Los bailes tradicionales, típicos en las fiestas patronales, constituyen uno de los atractivos que la ciudad ofrece los jueves. LA PRENSA. MIRANDA.

Flores nocturnas recorren Masaya

La Masaya de día es una, y la Masaya de noche es otra. La folklórica “Ciudad de las Flores” se abre los jueves a una vida nocturna intensa, donde se mezcla lo tradicional con lo importado, la fiesta bulliciosa con las negociaciones silenciosas de prostitutas y pusheres. Amalia [email protected] Las hamacas, las réplicas de trastes […]

  • La Masaya de día es una, y la Masaya de noche es otra. La folklórica “Ciudad de las Flores” se abre los jueves a una vida nocturna intensa, donde se mezcla lo tradicional con lo importado, la fiesta bulliciosa con las negociaciones
    silenciosas de prostitutas y pusheres.

Amalia [email protected]

Las hamacas, las réplicas de trastes precolombinos, los vestidos bordados y los zapatos de cuero desaparecieron. El velo oscuro de la noche barrió con ellos. El único rastro, de la que llaman “Cuna del Folklore”, son las imitaciones humanas de las pintarrajeadas muñecas de trapo.

La Masaya nocturna tiene otra personalidad. Igual que la bailarina que al terminar la función abandona el traje folklórico por una ropa más casual, así cambia de noche esta ciudad de 284,000 habitantes, localizada a 28 kilómetros de la capital.

En algunos aspectos, ese traje de noche se parece a Managua. La prolongación de la capital se nota en las gasolineras que permanecen atestadas de gente hasta el alba, en las discotecas amanesqueras y en las infaltables “Zonas Rojas”.

La Carretera Panamericana es el sitio favorito de las prostitutas, que brotan de sus flancos como flores de un jardín nocturno en espera de agua. Estas mujeres y hombres travestidos esperan a camioneros o a cualquier viajante.

PROSTITUCION

Es Jueves de Verbenas, pasadas las 11 de la noche. En el jardín de la carretera sólo hay una flor. Su falda negra, corta y ajustada hace pasar a un cuerpo gordo por hermosura. La estrechez de la ropa se extiende hasta el pecho, del cual sobresale un cuello ancho y regordete como su cara, maquillada y coronada por un falso pelo amarillo.

Su carta de presentación no es el nombre, sino el precio que cobra por un rato de sexo. “Son 100 pesos”. Si se regatea, el suspiro queda hasta en 80.

En un breve intercambio de palabras, la florcita cuenta que es originaria de Nindirí, pero que suele circular en ese sector. “Cuando estoy aburrida me voy al lado de la Inca, y si me aburro, de allí agarró para el lado de Las Flores (el motel que está al girar hacia Catarina)”. Así es como grafica el área de acción de las prostitutas.

Un poco ajenos al negocio anterior y algo dispersos se localizan los expendios de drogas. El más conocido es el del Parque San Juan. Algunos pobladores dicen que allí los estupefacientes se venden como tortillas, apreciación que no está lejos de la realidad.

¿BUSCA CRACK?

Los celadores del parque son eficientes guías del ilícito comercio. Así lo constató un equipo de LA PRENSA en un recorrido que hizo el pasado Jueves de Verbenas por el referido lugar. Se le consultó a uno de los vigilantes que estaba en el parque, y él, ni corto ni perezoso, se dirigió hacia un grupo de hombres que aparentaban tener una amena conversación.

Con mucha espontaneidad, uno de los que estaba en el grupo se dirigió al vehículo del diario. Confirmó que sí era púcher, o sea que vendía piedras de crack a 30 córdobas. Hizo la salvedad de que el producto se entrega en el sector de la Estación.

Pero, distante de esta escena, que ocurre si se provoca, se encuentran los colores distintivos del traje de noche masaya. Las fritangas, una cancha donde se juega fútbol de sala y baloncesto, tertulias en las esquinas, pero sobre todo una irresistible tranquilidad, son los gestos más apreciados de esa ciudad.

El Parque San Jerónimo es escenario de una actividad saludable, que arranca siempre después de las seis de la tarde. Se trata de la Liga Juvenil de Baloncesto y Fútbol de Salón, que congrega a 11 equipos compuestos por jóvenes de los barrios aledaños.

Estos juegos, que llegan a juntar hasta 200 muchachos, concluyen a las nueve y media de la noche, pero hay quienes confiados en la serenidad del lugar se quedan platicando hasta las 11 de la noche.

VERBENAS

Los jueves, la calma de los días cotidianos se interrumpe. El Mercado Viejo de artesanías reconcentra la alegría, que hasta hace algún tiempo estaba reservada para las fiestas patronales y para los fines de semana en las discotecas.

Las ruinas del Mercado son sede de los Jueves de Verbenas, un evento cultural gratuito que junta a gente de todos los tamaños y estratos. Tal festejo se matiza con “chicheros” y con la presencia de grupos folklóricos locales y de otros departamentos. No faltan las representaciones indígenas ni los bailes tradicionales.

El desfile de gente en las verbenas comienza desde las siete de la noche y culmina hasta a las dos de la madrugada.

Durante ese tiempo, las calles del resto de la ciudad son rehenes del silencio. Los que se quedan en sus casas se encierran temprano.

Algunos pobladores dicen que hasta el negocio de la prostitución se interrumpe con las verbenas. Las flores nocturnas que se extinguen en la carretera rebrotan en las ruinas del rejuvenecido Mercado.

Aunque traslapada con inventos como el karaoke, la noche de verbenas aún permite encontrarse con esa conocida personalidad de Masaya, la ataviada por artesanías de barro y bolsos de cuero.  

Nacionales

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí