Ejecución pública

Con motivo de la ejecución del terrorista izquierdista Thimoty McVeigh causante de la muerte de 168 personas al volar un edificio federal, dio lugar en el mundo entero a la interminable polémica entre los partidarios de la pena de muerte y los que abogan por su abolición. También se discute si una vez decretada la […]

Con motivo de la ejecución del terrorista izquierdista Thimoty McVeigh causante de la muerte de 168 personas al volar un edificio federal, dio lugar en el mundo entero a la interminable polémica entre los partidarios de la pena de muerte y los que abogan por su abolición.

También se discute si una vez decretada la sentencia de muerte ésta debe ser absolutamente privada, con sólo las personas indicadas por la ley o bien que pueda ser pública.

Esto nos viene a recordar la ejecución pública de un convicto asesino y salteador de caminos, natural de Granada, pero según algunos de origen nandaimeño, hombre de mediana estatura pero recio, moreno oscuro, pelo ensortijado— según la descripción de don Cecilio Gutiérrez a la sazón alcalde de Diriamba— lugar donde fue juzgado y ejecutado contra los muros del cementerio.

Aunque el asesino convicto llamado Fernando Mena, soltero, de treinta años de edad, era por presunción responsable de muchos crímenes, robos y asaltos en los caminos, fue el asalto y asesinato del Dr. Fernando Montiel que fungía como Juez de Distrito, de cincuenta años de edad y casado con doña María Baltodano, suegro del Dr. José Ignacio González, médico pionero de la cirugía en Nicaragua y uno de los cafetaleros más grandes del país.

El Dr. Montiel se dirigía a una de las fincas de la familia para hacer el pago del personal cuando recibió los disparos de Mena. Éste se apoderó del dinero y también del reloj de la víctima donde estaban grabadas las iniciales: F.M.

Siempre se dijo que Mena sentía placer de asistir a las velas o al entierro de sus víctimas. Esta vez se contentó con mostrar a sus amigos el nuevo reloj que “había comprado” y en el cual había hecho grabar sus iniciales: F.M.

Esta coincidencia de las iniciales había de perderlo. Capturado por sospechoso se le encontró el reloj, lo cual fue una de las pruebas de la acusación que llevaron a su condena.

Según el acta levantada con motivo de la ejecución, verificada el 30 de junio de 1916 contra los muros del cementerio nuevo de Diriamba el reo fue fusilado por un pelotón de infantería con rifles infumes. Dos descargas de cuatro tiros pusieron fin a la vida de este aventurero.

Según relataba el alcalde don Cecilio Gutiérrez a eso de las seis de la mañana del día fatídico se le llevó a la celda un litro de aguardiente y a las nueve de la mañana lo sacaron para conducirlo solemnemente al cementerio. Un clarín tocando en cada esquina un lúgubre pregón y los tambores tocando a marcha, las campanas de la parroquia con su doble continuo ponían un ambiente tétrico en la ciudad.

Lo asombroso es que con este ambiente lúgubre los colegios hayan sido obligados a asistir, pero según mi hermana mayor que tenía 9 años de edad, las maestras rehusaron ir más allá de la última cuadra, pero el ruido de las descargas causó que algunos niños se desmayaran y en varios un trauma emocional que les duró mucho tiempo.

No sabemos quién sería la autoridad que ordenó esto. El médico forense era el Dr. Jacinto Alfaro, bien recordado en Managua por las innumerables damas a las cuales asistió como obstetra, y como jefe del pelotón del fusilamiento el mayor de Plaza del Departamento, don José Gregorio Cuadra.

La Constitución de 1911 permitía la pena de muerte cuando se trataba de un crimen atroz de robo y en despoblado. Todos estos factores estaban reunidos en el crimen cometido por Mena el 16 de enero de 1915. Los que defienden la pena de muerte sostienen que si bien es cierto que la pena de muerte no disminuye el índice de criminalidad, sí evita la reincidencia. En efecto Mena, después de fusilado no volvió a asaltar a nadie, ni McVeigh volverá a cometer actos de terrorismo.

Dr. Edmundo Mendieta.  

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