José Adán Silva y Heberto Jarquí[email protected]
Un fiscal especial enviado por el Ministerio Público “Procuraduría de Justicia”, para investigar los crímenes cometidos por los remanentes del FUAC, ordenó ayer la exhumación del campesino Arandú Rayo Gadea, asesinado atrozmente la noche del viernes 22 en la comunidad de Rosa Grande, 32 kilómetros al sureste de Siuna, por remanentes del FUAC.
Un equipo de LA PRENSA viajó a esa comunidad donde el fiscal especial, doctor Alejandro Brenes, el capitán Celestino Aguirre, jefe de Investigaciones Criminales en el Atlántico Norte, y un grupo de paramédicos, desenterraron el cadáver de Rayo Gadea, para realizar una inspección de rigor.
El doctor Brenes dijo que la exhumación era necesaria porque servirá como una prueba más en el juicio que se entamblará contra los criminales remanentes del FUAC y de sus colaboradores.
DETENIDOS AL JUZGADO
En tanto, siete personas pasaron al Juzgado Local de Siuna, por asociación ilícita para delinquir, todos ellos presuntamente vinculados a las bandas criminales que asesinaron a Arandú Rayo y emboscaron en dos ocasiones a patrullas de la Policía, con saldo de un muerto y 16 agentes heridos.
Las personas enviadas por la Policía al Juzgado son: José Obando Muñoz, Jairo Obando Muñoz, y Rubén Darío Mendoza Cruz, quienes tres o cuatro días antes del asesinato de Arandú Rayo y de la emboscada a la Policía en Rosa Grande, presuntamente, se dieron a la tarea de distribuir documentos del FUAC, firmados y sellados por José Luis Marenco Pérez, jefe de los remanentes, quien agradecía y solicitaba más colaboración con el FUAC.
Felipe Martínez Centeno y Fanor Salgado Sosa, fueron capturados por la Policía, y les incautaron objetos que habían recibido de algunos campesinos para enviárselos a las bandas armadas, entre esos objetos, pantalones y camisas negras y botas, objetos que también pasaron al Juzgado Local de Siuna.
Los otros acusados de ser cómplices de los remanentes del FUAC, son: María Elena Cash López y Carlos José Mairena Briones. A la primera le encontraron un documento enviado por el FUAC, donde le agradecían su colaboración consistente en un arma corta que supuestamente le envió a José Luis Marenco, además, tenía en su poder un fusil AK.
El segundo también tenía en su poder un fusil AK, aunque no se ha determinado si tenía vínculo con los remanentes del FUAC. Ambos fueron remitidos por posesión ilegal de armas.
La Coordinadora del Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos (CEDEHCA), profesora Reina Flores Guido, aseguró que ella tiene en su poder constancia en la que estos ciudadanos, certifican que habían avisado a la Policía sobre los documentos que habían recibido por parte del FUAC.
Al respecto, el fiscal especial Alejandro Brenes, indicó que si esas personas querían deslindar responsabilidades, se hubieran presentado a la Policía Nacional a interponer denuncia en contra de las bandas armadas.
“Hay suficientes pruebas sobre la complicidad de estas siete personas con los remanentes del FUAC, por eso serán juzgadas, por asociación ilícita para delinquir, y los miembros de la banda armada –aunque se desconocen sus nombres– serán acusados en ausencia por asesinato atroz en perjuicio del campesino Arandú Rayo y el capitán Juan Torres.
«SALI O TE RAFAGUEAMOS LA CASA
– En el caserío de Rosa Grande, ubicado en una zona selvática, rodeado de numerosas colinas, se ubica la vivienda de la familia Rayo Aráuz, LA PRENSA conversó con la señora Miriam Aráuz, viuda de Arandú Rayo, quien sin poder contener las lágrimas relató que la noche del viernes 22, se acostaron temprano, que Arandú se durmió profundamente porque estaba cansado, y que a eso de las 9:00 p.m. escucharon voces de personas que rodearon la casa y le dijeron: “Arandú, somos de la policía, salí, queremos hablar con vos”. Él les contestó: ¿qué quieren? Entonces ellos le gritaron: “Salí o rafagueamos la casa con todos los de adentro”.
– El tomó un machete y después lo dejó en la puerta. Salió y lo alumbraron con varios focos. Le dispararon en la garganta. Mi hijito, dijo: “Mataron a mi papa”. Salí corriendo con mis tres niños y nos escondimos en el monte. Como estaba oscuro no pude distinguir a los asesinos, que arrastraron el cuerpo de Arandú hasta la carretera, y aunque estaba muerto, lo degollaron e hirieron por todos lados a machetazos.