- Está en territorio nacional, pero el pueblo miskito continúa siendo una población aislada que habla otro idioma y conserva una cultura distinta
Germán Miranda/Especial para LA [email protected]
WASPAM, RÍO COCO/RAAN.- Llegamos vía aire hasta la ciudad y ahí comenzamos un recorrido inolvidable, lleno de paisajes multicolores, de gente amable, con sabor a cultura autóctona, fue descubrir una cultura ajena, para los que vivimos en el Pacífico, pero legendaria en nuestra tierra.
El recorrido por los 449 kilómetros de extensión de las aguas del Río Coco, o Wangki en lengua miskito inicia, para los miskitos desde Cabo Viejo y termina en Ocotal, primera región de Nicaragua. Su ancho es de 445 metros, en algunos lugares llega a tener 500 y quizás 600 metros. En otros se mira tan pequeño como un río normal.
Aún no hay consenso sobre dónde nace el Río Coco, unos dicen que en Ocotal, pero para los miskitos que habitan en la ribera del Wangky, este nace en la barra (unión del agua del mar y el Río Coco) de Cabo Gracias a Dios, aguas que vieron descansar en el año 1502 al almirante español Cristóbal Colón, que junto a su tripulación ancló en una de sus embarcaciones, en aguas nicaragüenses para hacer frente a una fuerte tormenta que azotaba en aquellos años la faja del Caribe.
UN GIGANTE DESPIERTO
Sobrevolar el Río Coco es una belleza, navegarlo es un espectáculo y transitar en vehículo en sus riberas es una odisea. El Wangki para los miles de miskitos es un gigante que despierta cuando un fenómeno natural cae sin piedad sobre las pacíficas comunidades indígenas. Por muchos años han hecho frente a huracanes, tormentas, ondas tropicales que al final producen inundaciones que arrasan con las humildes casas construidas de techo de palmas de coco y madera de pino.
Unas 96 comunidades conforman el municipio de Waspam, Río Coco, todas inscritas en el registro de la Alcaldía de la ciudad de Waspam, pero en realidad existen 110 pueblos indígenas, que juntos aglutinan aproximadamente entre 80 y 90 mil personas.
Los miskitos se alimentan de la caza y la agricultura, aunque esta última no se practica para la comercialización, los habitantes de esta zona logran cosechar para su alimento cotidiano. La pesca es muy poca y sólo en la comunidad de Bismona, ubicada en el Río Coco Abajo se pesca el camarón de laguna, el cual venden a las empresas pesqueras que radican en Puerto Cabezas.
La cultura autóctona se mantiene. Los habitantes miskitos son politeístas (varios dioses), aunque en los últimos años la Iglesia Morava predomina en las 110 comunidades indígenas, una minoría celebra las fiestas del Kimpulanka o “Las Fiestas del Rey”, como constancia del predominio que en una época tuvieron los ingleses en la zona.
NO HAY DIFERENCIA
En el trabajo no existen diferencias de sexo y edad, la poca influencia de otras culturas en estos pueblos hace que tanto hombres, mujeres y niños trabajen mano a mano, en el día para poder comer y vestirse. El descanso llega por la noche. A las seis de la tarde los habitantes de estas zonas descansan sobre camarotes de madera, cubiertos con palmas y cartones, en algunos tal vez se mira un pequeño colchón. Al fondo de algunos oscuros cuartos se puede observar una hamaca que sirve de cama para tres o cuatro niñitos.
Las mujeres cocinan con leña. El arroz generalmente lo preparan con agua de coco que sirve como aceite. La costumbre indica que a los frijoles no se le echa sal, el bastimento es la “pilipita”, el banano del Pacífico. Los indígenas consumen carne de venado, güilla, chancho de monte, gallinita de montaña, iguana, pero no es todo el tiempo que tienen la oportunidad de cazarlo, la etapa del invierno provoca que los animales emigren a otros lugares de la montaña y a los miskitos se les dificulta el tránsito en los caminos.
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