Leche dulce y blanca era tu piel y tu cuerpo,
antes de conocerte
la inspiración de mi mayor esfuerzo.
Pues tu pinta de afrodisíacos amores
y apasionantes caricias
fue la tumba de asfixiantes desamores.
En mi ingenuidad hacia ti, creí
en tus promesas de eternos amores,
más nunca pensé
que éstas serían el comienzo de una cadena de horrores.
Porque te amé, sí,
y te sigo amando
hasta ya he entrado en conflicto con la razón.
Esto me hace preguntarme ahora:
¿y qué hiciste de los besos que te di?
No sé si me volveré a enamorar como lo hice de ti
porque te entregué todo lo que tenía,
en cuerpo y alma,
y tú me has pagado así.
Aunque estés con tu amor ya florecido
–desde antes que terminaras conmigo–
te acordarás de mí cada momento que te besé y te acaricié.
Para otros, lo que tú hiciste no tiene perdón
yo, sí te perdono
y espero que el destino sea tu mejor don
porque el mío,
estoy seguro que fue tu amor.
Christopher Espinoza