A María José Navas Flores
Mi soledad se ahoga en grito sin ti
mudo réquiem del alma
el corazón late sin ruido;
río que al correr
dejó olvidado en la fuente su murmullo,
mar que estalló en la roca su silencio,
no tengo pies que hagan los pasos del futuro,
con los que aún me quedan
apenas si recorro los cansados senderos
del ayer…
las manos agotadas de tensar el recuerdo;
hacen cruces sus dedos para mis sueños muertos
mientras rezan los labios la plegaria
de mi resignación.
Gustavo E. Baldelomar P.