Cementera compró chatarra

Equipos se compraron con desperfectos mecánicos y se pagó 376 mil dólares con cheques a favor del ex presidente de la Junta Directiva de la Cementera, Francisco Cifuentes Navas Contralores mantienen “engavetado” el borrador de resolución que está listo desde enero de este año Jorge Loáisiga [email protected] El ex Presidente de la junta Directiva de […]

  • Equipos se compraron con desperfectos mecánicos y se pagó 376 mil dólares con cheques a favor del ex presidente de la Junta Directiva de la Cementera, Francisco Cifuentes Navas
  • Contralores mantienen “engavetado” el borrador de resolución que está listo desde enero de este año

Jorge Loáisiga [email protected]

El ex Presidente de la junta Directiva de la Compañía Nacional Productora de Cemento, Francisco Cifuentes Navas, presuntamente violó la ley de contrataciones del Estado al comprar en Miami, Estados Unidos, cinco tractores y cinco camiones usados, más repuestos misceláneos por un monto de 376 mil dólares, pero no entraron al país.

Para hacer la compra, Cifuentes depositó en una cuenta personal de un banco local más de 200 mil dólares que eran de la Cementera, y supuestamente no entregó cuentas de cinco mil dólares que eran para comprar repuestos, según se desprende de un informe de auditoría de la Contraloría al que tuvo acceso LA PRENSA.

Cifuentes dijo a LA PRENSA que él tiene toda la documentación que respalda las compras y prometió dar su versión hoy.

El caso fue conocido por la Contraloría General de la República, pero duerme el sueño de los justos, en vista de que los contralores no lo han resuelto, pese a que se han elaborado tres borradores de resolución en los que se presume responsabilidad administrativa contra Cifuentes y otros ex directivos y funcionarios de la Cementera Nacional.

De acuerdo con información recabada por LA PRENSA, en septiembre de 1998, los miembros de la Junta Directiva de la Cementera aprobaron la compra de los cinco tractores usados a una empresa llamada Original Equipament & Parts Inc. con domicilio en Miami, Estados Unidos.

El costo de los tractores usados sería de 235 mil dólares, según consta en acta de reunión de la Junta Directiva de la Cementera, número 305, del 10 de septiembre de 1998.

Además se comprarían repuestos varios clasificados como 936&-E con valor de cinco mil dólares. Esos repuestos no llegaron a la Cementera.

COMPRA DIRECTA

Las compras se realizaron obviando el procedimiento de licitación pública, ya que el monto de la compra lo ameritaba conforme la Ley de Contrataciones del Estado de la época.

La Ley de Contrataciones del Estado especifica en su artículo 25, inciso a, que para realizar contrataciones que superen los dos millones y medio de córdobas se requiere el llamado a licitación, lo que no se hizo, de acuerdo con la Contraloría.

La Cementera habría pagado 220 mil dólares con el cheque número 0132 de la cuenta corriente No. 24-0005-2 del Banco Nicaragüense Sucursal Plaza España, emitido a favor de Francisco Cifuentes Navas, presidente de la Junta Directiva la Cementera en ese entonces, quien depositó en su cuenta personal los 220 mil dólares.

También se emitió un giro de 15 mil dólares del Banco de la Producción a nombre de la Empresa American & Caribean Intl, girado contra el National Bank de Miami, Florida, entregado como anticipo de pago por los tractores usados.

Según indica el comprobante de pago que está en poder de la Contraloría, los tractores fueron adquiridos en subasta, no obstante, las investigaciones de auditoría del ente fiscalizador indican que la compra se hizo en forma directa, con precios pactados y previo a la aprobación de la Junta Directiva.

EQUIPOS CON DESPERFECTOS

Un memorando del Responsable del Taller de Mecánica de la Cementera, Juan Gutiérrez, con fecha del nueve de febrero de 1999, dirigido al superintendente de la empresa, Mario Mendieta Mendieta, indica que el equipo fue comprado con desperfectos mecánicos, y de acuerdo con la Póliza de Importación Temporal C-13 los repuestos misceláneos para los tractores modelo 936 y 12E no fueron recibidos en la Aduana.

En sus declaraciones testimoniales ante el ente fiscalizador, tanto Cifuentes como el ex gerente general de la Cementera, Guillermo Ramírez Cuadra, dijeron que la compra de los equipos en septiembre y octubre de 1998, se basó en resolución de la Corte Suprema de Justicia que definió a la Cementera como entidad mercantil y no como un ente descentralizado o autónomo del Estado.

Cifuentes dijo en esa declaración que para verificar el estado del equipo llevó a Miami al ingeniero José Ignacio Morales, pero éste al declarar en la Contraloría contradijo la declaración de Cifuentes, señalando que nunca ha viajado con éste para hacer tal verificación.

EL «VOLADO» DE CIFUENTES

Francisco Cifuentes Navas, ex presidente de la Junta Directiva de la Cementera, dijo a los auditores de la Contraloría que los cheques que se emitieron a su nombre fue para hacer un “favor” a la empresa al prestar a ella su cuenta internacional en dólares, ya que llevar dinero en mano era riesgoso.

CAMIONES NO SIRVIERON

– El informe de auditoría de la Contraloría, que ya fue aprobado por la Dirección de Auditorías y la Dirección Jurídica de esa institución, indica además que la Junta Directiva de la Cementera aprobó la compra de cinco camiones usados con volquete nuevo, marca Ford a la empresa FORTRAC, de Miami, con valor de 141,510 dólares de acuerdo con la factura número 0031381-01-98 del dos de noviembre de 1998.

– La compra de estos camiones se hizo evadiendo el procedimiento de licitación pública, y fue cancelada con el cheque de gerencia número 21880 el Banpro por la cantidad de 100 mil dólares, y otro cheque número 0158 de la cuenta corriente número 24-00005-2 del Banco Nicaragüense, Sucursal Plaza España, por valor de 41,510 dólares. Ambos cheques fueron emitidos a favor de Francisco Cifuentes.

– El Ingeniero Juan Gregorio Gutiérrez, responsable del Taller de Mecánica de la Cementera, dijo a la Contraloría que después de inspeccionar los camiones, se llegó al acuerdo de que no eran aptos para cargar material rocoso, o sea, no le servían a la empresa.  

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