Olga Rocha y su hija Andrea Sandoval resultaron con quemaduras al explotar el radiador del bus en el que se transportaban.

Explosión de radiador le quema la espalda

Amalia Morales [email protected] El bus placas 130-456 le ocasionó a Olga Rocha gastos que para una desempleada fueron casi un lujo necesario. El domingo seis de febrero de 2000, Rocha y su hija, Andrea Sandoval, de cinco años, abordaron la unidad en el Gancho de Caminos, luego de hacer compras en el Mercado Oriental. Por […]

Amalia Morales [email protected]

El bus placas 130-456 le ocasionó a Olga Rocha gastos que para una desempleada fueron casi un lujo necesario.

El domingo seis de febrero de 2000, Rocha y su hija, Andrea Sandoval, de cinco años, abordaron la unidad en el Gancho de Caminos, luego de hacer compras en el Mercado Oriental. Por inocente precaución se quedaron adelante, cerca del conductor. Previendo el breve tiempo de estacionamiento, Rocha pensó que para ella y su hija sería más fácil bajar. Es cierto, lo fue.

Segundos antes de que madre e hija abandonaran el bus, estalló el radiador del motor, situado en la parte interna del vehículo. La explosión quemó el 15 por ciento de la espalda de la mujer y en menor grado chamuscó la piel de la niña.

Pero lo que más le ardió a Rocha fue la actitud displicente del chofer y el cobrador. Las expulsaron del bus con mayor premura que de costumbre, sin prestarle ayuda por el accidente. De no ser porque estaban en su vecindario, frente a su casa, no hubieran tenido auxilio en el momento.

Ambas fueron atendidas en el Hospital Escuela “Roberto Calderón”. Sin embargo, Rocha permaneció muy molesta por lo ocurrido, y su estado de ánimo no cambió hasta que fue a las autoridades a denunciar el hecho.

BUS NO APARECÍA

Tomaron su declaración en la Estación Cinco. Las primeras averiguaciones de la Policía dijeron que no existía un bus con las características del que la accidentó. Se dirigió al Instituto Regulador de Transporte Municipal de Managua (Irtramma) y allí ubicó a la unidad y a la Cooperativa “Omar Baca”. En idas y vueltas de la Policía al Instituto Regulador se llevó por lo menos ocho días.

“No quería que eso se quedara así, porque uno no es un perro, no podemos dejar que nos traten así de mal”, explicó.

Esas motivaciones la obligaron a llevar el caso hasta la vía judicial. Diez meses después de su accidente logró que le pagaran la ridícula suma de 5,000 córdobas, la cual le dieron en partes.

Rocha dijo que nunca abrió el caso por dinero, aunque sí estaba clara de que quería le pagaran los daños que les causaron. Quería que le resarcieran el daño moral que ese accidente le provocó.

“Uno se monta confiando en que algo está bueno, y no es justo que circulen vehículos como ésos, que tienen desperfectos mecánicos, como el que me tocó”, afirmó Rocha.  

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