- Será el primero sometido a la pena máxima por la justicia federal de los Estados Unidos desde 1963
- El atentado con bomba contra un edificio federal en abril de 1995 en Oklahoma City causó 168 muertos
Rex W. HuppkeAP
TERRE HAUTE, Indiana, EE.UU.— Timothy McVeigh fue trasladado, horas antes de su ejecución, a una celda próxima a la cámara en que será inyectado con una solución letal en la cárcel local.
La información, suministrada por la Oficina de Prisiones, señala que el dinamitero de Oklahoma City cooperó y no hubo incidentes en el traslado.
McVeigh, de 33 años, debe ser ejecutado a las 8 de la mañana (1200 GMT) de hoy lunes. Será el primero sometido a la pena máxima por la justicia federal desde 1963. Los otros condenados a la pena de muerte fueron sentenciados por sistemas judiciales estatales.
En Washington fue presentada una apelación el sábado ante la Suprema Corte para que se permitiera que la ejecución de McVeigh fuera video grabada, un recurso para demorarla. El Departamento de Justicia se opuso a la acción en un documento que envió a la Suprema Corte el mismo sábado a la noche.
Los abogados de McVeigh deseaban más tiempo para analizar las 4,500 páginas de documentos entregados tardíamente por el FBI, que hicieron que la ejecución fuera aplazada de su fecha original del 16 de mayo. Pero su pedido de volver a suspender la ejecución, a través de una acción de no innovar, fue rechazado la semana pasada por el juez federal de distrito Richard Matsch, de Denver, y la Corte de Apelaciones del décimo circuito.
Reo sabía que no sería perdonado
McVeigh abandonó entonces sus esfuerzos por lograr una suspensión. El abogado Chris Tritico dijo que el reo cedió porque se convenció que la Suprema Corte no accedería después que se negaron dos tribunales de menor jerarquía.
”No lo veo como quiero morir”, dijo Tritico frente a la prisión federal. “Lo veo como un convencimiento de que no vamos a lograr nada con este proceso, así que dejémoslo”.
McVeigh seleccionó cinco personas para que presenciaran su ejecución. Son Lou Michel, un reportero del Buffalo News; los abogados defensores Rob Nigh y Nathan Chambers; Cate McCauley, una colaboradora de los letrados; y el novelista Gore Vidal.
Vidal anunció el viernes que no asistiría. Los funcionarios carcelarios dijeron el sábado que no se le permitiría a McVeigh seleccionar un sustituto porque la lista debe ser presentada 30 días antes de la ejecución.
McVeigh cambió percepción de los estadounidenses
Tras el atentado con bomba contra un edificio federal en abril de 1995 en Oklahoma City que causó 168 muertos, las primeras sospechas recayeron sobre grupos terroristas del Medio Oriente, pero dos días después, los investigadores descubrieron que el ideólogo del atentado se encontraba a 93 kilómetros del lugar, en una cárcel de Oklahoma, a la espera de un proceso por un delito menor.
“Todos estaban seguros de que eran terroristas de Medio Oriente”, señaló Gary Perlstein, un profesor de la Universidad Portland State de Oregon, especializado en los movimientos de la milicia estadounidense.
Mucha gente debió reevaluar la imagen que tenían de los terroristas al descubrir que el delincuente resultó ser un neoyorquino de 26 años.
“Eso nos enseñó que el terrorismo no tiene fronteras”, declaró Steven Lubet, profesor de derecho legal de la Facultad de Leyes de la Universidad Northwestern de Chicago.
“Nos hizo sentir vulnerables”, coincidió Jannie Coverdale, cuyos dos nietos murieron en el atentado.
“Se suponía que éramos una sociedad civilizada: cosas como ésa no pasaban aquí. Pasaban en otros países. Por eso es que mandamos a nuestros militares al extranjero”, añadió Coverdale.
“Pero esto demostró que no podemos ni siquiera proteger a nuestro propio pueblo”, puntualizó.
El hecho de que el terrorista fuera un estadounidense llevó a los parlamentarios y a los servicios de inteligencia a analizar la amenaza que plantean los grupos locales y las milicias que, se oponen al gobierno.
La insoportable pena del padre
Brigitte Dusseau
WASHINGTON, AFP
Bill McVeigh decidió cargar con su amargura y no pediría consuelo a nadie cuando su hijo Tim reciba la inyección letal por cometer el peor atentado de la historia de Estados Unidos.
Con el paso de los meses, la figura de Bill McVeigh se fue encorvando y su mirada perdió todo destello. Raramente acepta entrevistas. Se ocupa de su jardín, y sigue amando en silencio a su hijo de 33 años cuyos actos le resultan insoportables.
En una de sus últimas visitas a la cárcel de Terre Haute (Indiana), Bill McVeigh, un católico practicante de 61 años, que trabajó 37 de obrero en una fábrica automotriz, trató de convencer a su hijo de dar antes de morir alguna señal de arrepentimiento por las 168 víctimas mortales (19 de ellas niños) que dejó el atentado de Oklahoma, el 19 de abril de 1995.
Pero no lo logró. “No lo ha hecho hasta ahora y no creo que lo haga”, comentó al concluir aquella visita de tres horas. Y contó que Tim rechazó esa posibilidad diciendo que “si dijera a la gente que lo lamento, estaría mintiendo”.
McVeigh lamentó la matanza
No obstante, en una carta publicada este domingo en el Buffalo News, el diario de su ciudad natal, McVeigh “lamenta” la matanza que provocó el atentado.
“Lamento que haya gente que perdiera la vida. Pero está en la naturaleza de las cosas”, señala, para agregar que “si me voy al infierno, estaré acompañado”.
Desde hace diez años, este padre que desde su divorcio en 1984 se hizo cargo solo de la educación de su hijo, trata en vano de comprenderlo. Pero nada en la infancia anodina de Tim le da elementos de comprensión.
“Realmente no sé cómo empezó todo esto. Sólo sé que cuando volvió del ejército (en donde sirvió hasta el fin de la Guerra del Golfo) ya tenía esa aversión por el gobierno”, dijo.
Bill McVeigh, que también tiene dos hijas, explicó días atrás a The New York Times las dificultades que tuvo para escribirle a su hijo su última tarjeta de cumpleaños, el 23 de abril pasado.
“Es duro encontrar una tarjeta que convenga. ¿Cómo iba a decirle: “Felicidades, Tim, que tengas un buen año?. Le mandé una que sólo tenía dos personajes de dibujos animados, y le escribí: “Te amo. Papá”.