Entre Benard y la pared

Edgard Tijerino [email protected] El ¿qué pasará con Marvin Benard?, se ha convertido en una intriga que nos aguijonea implacablemente día tras día, provocando escalofríos en nuestra columna vertebral y un nudo en la traquea. ¿Y cómo no vamos a estar con el sistema nervioso alterado? Benard, el único jugador de todos los días que tenemos […]

Edgard Tijerino [email protected]

El ¿qué pasará con Marvin Benard?, se ha convertido en una intriga que nos aguijonea implacablemente día tras día, provocando escalofríos en nuestra columna vertebral y un nudo en la traquea.

¿Y cómo no vamos a estar con el sistema nervioso alterado? Benard, el único jugador de todos los días que tenemos en las Mayores, se encuentra en el primer año de un contrato por 11.1 millones de dólares que se extiende hasta el 2003 y… no está funcionando.

Pablo Flores, nicaragüense, escribe desde San José de California y me adjunta una serie de notas periodísticas exigiéndole al manager Baker, que no continúe utilizando a un bateador sumergido como lo es Marvin, si dispone de Calvin Murray y Shawon Dunston.

Baker, ha sido desde siempre, el gran soporte de Benard… Claro que es bueno tener la confianza del Jefe, en cualquiera trabajo que desempeñemos, pero esa confianza tiende a fragmentarse cuando no respondemos a las expectativas.

Y no se trata de decir que el fantasma de Willie Mays ha estado persiguiendo a todos los jardineros centrales de los Gigantes desde 1972, último año del super-estrella con la franquicia. Gary Maddox estuvo desde 1972 hasta 1974 y después comenzó un desfile con Von Joshua, Bill North, Larry Herndon y otros, llegando hasta Dan Gladden, Bret Buttler, Willie McGee, Darren Lewis que se mantuvo tres años y Marvin Benard.

El nica fue una tímida escogencia de ronda 50 en el draft y más adelante, a base de un esfuerzo multiplicado, supo sacar el máximo provecho de sus habilidades y terminó estableciéndose como jardinero central por encima de los cuestionamientos de los cronistas de San Francisco, y de la poca credibilidad del público.

Y es que Marvin no permitía visualizar la imagen que se tiene un centerfielder, juntando poder al bate, brazo y buen fildeo… Menos mal que después de haber visto a Mickey Rivers en el center fielder de los Yanquis, aplastado por los recuerdos de Dimaggio, Mantle y Murcer, el pinolero Benard sabía que podía pelear por ese puesto y se lo ganó.

El no tiene un gran currículum como para evitar alarma alrededor de un slump. Canseco de 40-0, Mattingly de 28-0, Juan González descendiendo vertiginosamente en una temporada, no tienen nada que ver con la preocupación que fabrica Marvin para Baker cuando no funciona. Para remate, muestra deterioro en la defensa y el manager siente que el piso se abre debajo de sus pisadas cuando va a colocar el line-up en la pared para el periodista.

Ahí está Marvin, otra vez, más allá de las cifras borrosas que presenta… Y volvió a estarlo el sábado contra Oakland antes de fallar cuatro veces y descender a 194 puntos.

En la mira

La reacción del público, el señalamiento de los cronistas, es contra Baker, quien finalmente es quien decide, y ciertamente, el manager se ha debilitado mucho en las justificaciones.

Benard admite que está fallando y lamenta no estar desquitando su salario, pero hizo suficientes méritos para recibir esa oferta. Ha sido movilizado al jardín derecho, lo han colocado como séptimo bate, y ahora con el Designado entrando en escena durante los juegos inter-liga, apareció como noveno. En sus últimos 15 turnos batea sólo dos hits, anota una carrera y no empuja.

¿Qué puede pasar con él?… Baker se encuentra entre Benard y la pared, agobiado por el peso de la responsabilidad, viendo agrietarse su fe en el pinolero… Desgraciadamente.  

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