Hay que recordarle a Armando Castillo (“Armando Castillo: Apoyarse en los valores personales de Bolaños”, LA PRENSA, jueves 7 de junio) que hace aproximadamente dos mil quinientos años, Heráclito empezó a filosofar que vivimos en un mundo en constante cambio y transformación, y lo que era bueno ayer, seguro no lo será hoy, así como también que el que vive en la miseria comiendo salteado, sin techo para su familia, sin trabajo, sin medicinas para sus hijos, espera escuchar algo más que la feliz vida empresarial y matrimonial del ingeniero Bolaños.
Me parece equivocado el concepto de Armando Castillo porque lo veo como un escapismo de la realidad actual de Nicaragua, sin enfrentar los verdaderos problemas que es lo que todos quieren oír, de acuerdo a una escala de prioridades, porque sin unas, las otras no serán posible. Por ejemplo, básicamente el tema del Estado de Derecho y la legitimación de la institucionalidad estatal, sin las cuales Bolaños podrá prometer todo lo que quiera, pero la credibilidad primero, y la expectativa de cumplimiento después, será mínima.
El señor Castillo debería poner los pies en la tierra.
Julio Ignacio Cardoze
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