- En 1996 lo programaron visualmente para superar todas las deficiencias encontradas en su imagen
Xiomara [email protected]
¿Cómo vender políticamente a Daniel Ortega? Para un experto en imagen la respuesta constituye un verdadero reto. La nada fácil tarea fue asumida por expertos sudamericanos, en 1996, cuando “mercadearon” la gastada imagen del candidato sandinista, haciéndolo subir –en dos meses y medio de publicidad– de 19 a 39.5 por cieento, lo que si bien no permitió que ganara las elecciones, al menos sirvió para dejar bien establecido al Frente Sandinista en unos comicios en los que se votó “en cascada”.
EL MERCADEO DE LA REALIDAD
Todo empezó cuando se hizo un estudio sobre cómo veía la gente a Ortega y qué quería o no, escuchar de él.
Los resultados indicaron que la gente estaba cansada de Ortega; de su voz, normalmente ligada a malas noticias, de su actitud, de su imagen de “matón militar”, y nada de eso se usó en los videos de su campaña electoral.
Le recortaron el bigote, le quitaron los anteojos al mejor estilo de Nicolás Mora de “Betty la Fea”, y le pusieron lentes de contacto.
Cuando los expertos se dieron cuenta por los estudios que la gente quería ver un presidente atlético y joven, decidieron hacer “focus groups” para determinar su vestimenta.
“Nicaragua es un país muy caliente, entonces lo que se hizo fue hacer que se le buscaran una serie de camisas, y resulta que lo que más le gustaba a la gente, inclusive entre el sector de las mujeres, era ese tipo de camisas de cuello chino, redondito”, reveló uno de los expertos durante un seminario sobre Campañas de Izquierda en Centroamérica, celebrado recientemente en Ecuador.
“Llegamos a determinar que para el pueblo en Nicaragua había una relación negativa entre el uso de chaqueta de cuero y el dinero mal habido. La gente creía que si se utilizaba chaqueta de cuero podía existir una relación con narcotráfico, una relación con dinero mal habido, y Daniel Ortega lo que más utilizaba eran chaquetas de cuero. Entonces nunca más se le permitió las chaquetas de cuero. Se le hizo vestir por primera vez como un estadista, y se le presentó no como un guerrero, sino como un estadista”, señaló el experto.
Por primera vez Ortega se dejó maquillar. Se le hicieron estudios fotográficos para determinar su mejor ángulo.
Los estudios revelaron que el lado de la cara con lunares y una cicatriz en la frente hacía una diferencia en la opinión de los consultados, de hasta 10 % de desventaja respecto del otro lado de la cara, que hasta la fecha es el que más se usa en brochures, afiches y mantas.
EL DESTIERRO DEL ROJO Y NEGRO
Dentro de la programación visual que los expertos diseñaron para Ortega, y ante la necesidad de crear una “imagen corporativa”, fue necesario desterrar el rojo y negro, relacionado a turbas que inundan las calles con morterazos, que asustan a la gente porque la acercan a un pasado militar que rechazan.
“Nosotros lo que ideamos fue: Vamos a dejar el rojo y negro sólo como marca, y toda la imagen corporativa fue blanca. Entonces ya no bajaba la gente con camisetas rojas y negras, que ya de por sí son colores negativos, sino que hicimos puras camisetas blancas, con el FSLN como marca, en minúscula, para hacerlo menos peyorativo”, manifestó el experto.
ADIOS GALLO ENNAVAJADO
Para acercarse visualmente a la consigna de la campaña que era la de “un gobierno para todos”, los expertos no usaron más su apellido. Ya no decían: “Vote por el comandante Ortega” o cosas por el estilo, sino que los videos y toda la propaganda invitaba a “votar por Daniel”, porque Daniel podía ser un amigo, un familiar, alguien conocido y cercano.
“Nosotros lo pusimos a hacer cualquier cantidad de firmas. Como en 350 firmas escogimos una. Lo que hicimos fue darle un golpe hacia arriba, porque grafológicamente las personas que son ganadoras escriben hacia arriba. Los que tienden a deprimirse y las personas perdedoras, escriben hacia abajo”, agregó en su comparecencia el experto.
Según estos “mercadeólogos”, de lo que se trata no es de engañar a la población, sino de presentar el lado positivo del candidato y “limar” los aspectos negativos, de los cuales, de todas maneras, siempre se encargan los votantes.
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