- La estatura es una norma impuesta por el béisbol de la actualidad
Edgard Rodríguez C. [email protected]
César Jarquín nació para ser short… Incluso cuando habla, lo hace con suavidad, una de las características más apreciadas en las manos de los torpederos.
Por momentos, es fácil imaginar a Jarquín intentando resolver una línea de efecto vertical, mientras despliega toda esa electricidad que le permitió penetrar profundo en el sentimiento popular, a través de una espectacular y exitosa trayectoria.
Sin embargo, la “Maravilla” parece irse hacia atrás con mi pregunta ¿por qué la mayoría de jóvenes en esta Liga Especial son chaparros?.. Jarquín no hace gesto alguno, pero percibo que sitúa su mano de tirar bajo el guante, como si prepara un disparo certero.
“Bueno, yo creo que en el atleta lo esencial es su inteligencia”, dice César, quizá inspirado por su brillante carrera pese a sus 5.4 pies de altura… “Hay gente grande que no sirve para nada. Son los que llamamos grandes por gusto”, agrega. Y yo, siento que no me expliqué.
Jarquín está en lo correcto. Lo básico es la inteligencia. No obstante, el béisbol de hoy día, ha impuesto una serie de leyes no escritas, que dan preponderancia a los más fuertes. Y el precepto es sencillo: la técnica es fundamental, pero fuerza se contrarresta con fuerza.
No es necesario ser científico, para comprobar que Mark McGwire es capaz de generar con semejante estructura física, más poder que Rafael Furcal, el destacado short de Atlanta… A un envío de 95 millas, hay que dejarle ir un swing que alcance una velocidad de 110 mph.
Obviamente, McGwire es capaz de conseguir eso más a menudo que Furcal… Pero además, hay otra serie de razones que deben ser consideradas, sin olvidar, por ejemplo, que Hack Wilson, con 5.6 pies, fue capaz de 56 jonrones y 190 impulsadas para Chicago en 1930.
“Se busca al jugador grande porque en efecto, la fortaleza sólo se puede contrarrestar con fortaleza, pero cultivada con la técnica”, dice Calixto Vargas, scout de Houston. “Además, para que el espectáculo no decaiga, se prefiere al más grande”, agrega el busca talento.
¿EL ESPECTACULO?
Sí amigos, el espectáculo… Calixto lo entendió hace unos treinta años mientras observa a su hermano Ismael en el terreno y escuchaba la transmisión de Rafael “El Dinámico” Rubí… “Batea el Tejero Vargas”, dijo Rubí. “Aunque desde aquí (de las cabinas) más bien parece el “Frijolito Vargas”, completó el destacado narrador cubano.
Situado en las graderías al nivel del terreno de juego, Calixto enfocó su mirada hacia Julito Cuarezma y apenas si pudo verlo en el outfield… “Si Ismael que mide 5.11 pies se ve como un “frijolito” desde las cabinas de transmisión, ¿cómo se verá Julito?, se preguntó.
En las Grandes Ligas, el asunto es más complicado. “Los estadios tienen hasta tres o cuatro piso de altura. ¿Cuán atractivo puede ser para un aficionado, ver a un tipo que ni siquiera se puede distinguir en el terreno?”, se cuestiona Vargas nuevamente.
El tipo grande, tiene incluso a su favor, el factor intimidación… Róger Clemens puede ver pareja la batalla contra Mike Piazza, pero quizá siente tener ventaja ante Fernando Viña. Y usted sabe que lo que ocurre en la mente determina los resultados.
Sin embargo, los chaparros también tienen cabida en el juego, pero ubicados en la posición correcta. Jarquín tuvo en el short, habilidades que Calixto como inicialista no poseyó. Por eso es que se afirma que el béisbol coloca poder en los extremos y velocidad en el centro.
¿POR QUÉ NO HAY GRANDES?
“Falta la comida”, interviene César nuevamente… “En el campo, donde por lo general está la gente grande, la carestía es terrible y eso incide en la fragilidad o en las dificultades de crecimiento de los chavalos”, agrega el legendario torpedero.
Jarquín ha dado quizá en el punto. No obstante, hay también otras razones para que muy a menudo, en lugar de peloteros elegantes y corpulentos sobre el terreno, veamos a chavalos que podrían tener mejor futuro como jinetes (jokies).
“La ausencia de una alimentación balanceada ciertamente es clave, pero además, ha faltado un trabajo de captación y también hay que considerar el factor genético”, afirma por su lado el catedrático de comunicaciones Alfonso Malespín.
A través de estas primeras seis jornadas del torneo Especial, el dominio del pitcheo ha sido la constante. “No hay bateo consistente y mucho menos fuerza. Y en eso, el tamaño juega un papel determinante”, asegura Davis Hodgson.
Y no es que los chaparros no puedan jugar al béisbol. De ser así, Marvin Benard no estaría en las Mayores. Pero Benard, aunque no tiene poder, corre, toca bien y tiene buena defensa. En el Especial no se recurre a esos factores para solventar la ausencia del poder.
¿TIENE QUE SER ALTO?
Hoy en día, las organizaciones de Grandes Ligas, difícilmente firman a un jugador cuyo tamaño esté por debajo de los 6 pies.
Se supone que un jugador entre más alto y fuerte es, es capaz de generar más poder y ser menos proclive a una lesión que otro bajo.
Lo que nos falta para el Torneo Especial, ciertamente es falta de scouteo de gente grande antes de iniciar el evento.
Pero aquí, además, hay que considerar el factor alimenticio y el asunto genético. La Costa Atlántica tiene más gente alta por su origen afro-caribeño.
Una tarde de estas, en el Estadio “Jackie Robinson” del INJD estaban Eduardo Holmann, Pedro Torres, Germán Miranda y Davis Hodgson. Todos sobre 6 pies. Así eran la mayoría antes.
Que quede claro, no es que chaparros no tengan cabida en el juego. Sí la tienen y son muy necesarios (en el short, segunda, catcher y centerfield). El problema es cuando todos son bajos.