Lino Gutiérrez.

“El próximo presidente enfrentará grandes retos”

En noviembre, los ojos del hemisferio y, de hecho, de todo el mundo, estarán observando a Nicaragua esperando que dé un paso adelante en este importante proceso democrático Es un placer para mí regresar a Managua y ver tantos buenos amigos una vez más. Es especialmente grato estar con mi buena amiga Lorena Zamora, Presidente […]

  • En noviembre, los ojos del hemisferio y, de hecho, de todo el mundo, estarán observando a Nicaragua esperando que dé un paso adelante en este importante proceso democrático

Es un placer para mí regresar a Managua y ver tantos buenos amigos una vez más. Es especialmente grato estar con mi buena amiga Lorena Zamora, Presidente de Amcham, y también con mis viejos amigos de la directiva de Amcham. Estoy particularmente complacido de estar aquí con mi amigo el Embajador Garza, un representante de los Estados Unidos verdaderamente excepcional, y quien goza de la total confianza del Presidente Bush y del Secretario de Estado.

Como muchos de ustedes saben, me marché de Nicaragua en 1999 para asumir nuevas responsabilidades que implican retos y desafíos. Han sido dos años excitantes, durante los cuales he tenido el placer de trabajar muy estrechamente con dos presidentes y dos secretarios de Estado; en la formulación e implementación de la política exterior de los Estados Unidos hacia todo el Hemisferio Occidental. Debo añadir que recientemente he tenido el placer de trabajar también con el Embajador Maisto –muy bien conocido por muchos de ustedes y ahora director principal del Consejo de Seguridad Nacional de la Oficina Presidencial.

Aunque mi familia y yo pasamos una agradable estadía en este hermoso país, Nicaragua, mi trabajo actual ha sido también sumamente interesante. Como todos ustedes saben, los meses pasados han sido también importantes en Washington mientras atravesamos el proceso democrático poderoso que ocurre cada cuatro u ocho años: el período de transición de una administración presidencial a otra.

La presente transición presenta una gran oportunidad para los Estados Unidos y para nuestros vecinos más cercanos. El Presidente Bush lo ha dejado bien claro, durante la campaña y desde entonces, que el Hemisferio Occidental será un punto central en la política exterior de su gobierno, y lo dice muy seriamente. No es ninguna coincidencia que la primera visita al exterior realizada por el Presidente fuese a México, y que la segunda visita fuese a Quebec con el objeto de reunirse con los líderes del Hemisferio. El Presidente está sumamente interesado en lo que pasa en el Hemisferio y le prestará mucha atención a eventos en nuestro vecindario. Algunos han dicho que el Presidente tiene ya suficiente de qué preocuparse para prestarle atención a lo que pasa en Nicaragua, pero yo estoy aquí para decirles que al Presidente sí le importa lo que pasa aquí y está siguiendo muy de cerca los acontecimientos en Nicaragua.

La creciente interdependencia entre los Estados Unidos y nuestros socios regionales en este hemisferio no es ningún secreto. Los acontecimientos en este Hemisferio, tales como terremotos y huracanes en Centroamérica y el Caribe, el narcotráfico en los Andes y a través de toda la región, tienen un impacto inmediato en la región y en los Estados Unidos. El Presidente Bush entiende esto muy bien.

Parte de la razón de esta interdependencia se puede explicar al examinar los resultados del censo reciente realizado en los Estados Unidos. Los hispanos son ahora el segmento con mayor tasa de crecimiento entre la población estadounidense. Esto significa que los acontecimientos en el Caribe y en América Latina ya no son cosas que le ocurren a países distantes. Cada vez más, son cosas que impactan a miembros de nuestra propia familia extendida.

Ahora, permítanme tomar un momento para hacer hincapié sobre el tema del comercio –no solamente porque esta es AmCham, cuyos miembros son por definición adeptos al libre comercio pero también porque el comercio es un aspecto sumamente importante en la agenda del Presidente Bush.

Este Hemisferio está intensamente entrelazado a través de nexos comerciales. El comercio dentro de nuestra región ha crecido explosivamente durante la década pasada, gracias a las reformas económicas que han sido adoptadas basadas en el libre mercado, y a la creciente integración económica, a nivel bilateral y sub-regional. En 1992 las exportaciones de los Estados Unidos hacia Latinoamérica alcanzaron a los $76 mil millones de dólares; el año pasado fueron más del doble de esa cantidad, y anduvieron en el orden de los $171 mil millones.

Las exportaciones de los Estados Unidos hacia Latinoamérica y el Caribe ya superan nuestras exportaciones hacia la Unión Europea o el Japón.

NAFTA es una realidad, y Canadá y México son los mayores socios comerciales de los Estados Unidos. Nosotros hemos trabajado intensamente para que se apruebe la Ley del Tratado Comercial de la Cuenca del Caribe, la cual extiende a nuestros socios aquí en Centroamérica beneficios similares a los brindados por el Tratado NAFTA. Mucho más importante, el Hemisferio está avanzado rápidamente hacia una Area de Libre Comercio de las Américas, la cual traerá beneficios para el hemisferio entero similares a los propocionados por NAFTA. En la Cumbre de las Américas realizada en Quebec el mes pasado, los líderes del Hemisferio acordaron la implementación del Area de Libre Comercio de las Américas para finales del 2005. Actualmente estamos llevando a cabo negociaciones comerciales bilaterales con Chile. Como el Embajador Zoellick lo ha indicado, nosotros estamos explorando la posibilidad de iniciar conversaciones comerciales con Centroamérica en un futuro próximo.

Se están llevando a cabo importantes reformas comerciales en la región. La tarifa promedio en la región hoy es alrededor del 13 al 15 por ciento –aún alto en comparación con el promedio de los Estados Unidos, que es entre el dos y el tres por ciento, pero representa una mejoría importante cuando se compara al promedio en Latinoamérica en los años 80, el cual rondaba en el 35%.

Mejores políticas económicas y mayor comercio han significado mayor crecimiento. Durante los años 80, el ingreso per cápita en Latinoamérica bajó el uno por ciento cada año – un hecho que los nicaragüenses conocen demasiado bien. Sin embargo, durante los años 90, el ingreso per cápita creció el uno y medio por ciento por año.

Nuestra meta en Centroamérica para esta década debe consistir en continuar y expandir ese crecimiento. Estoy impresionado por el desarrollo de Managua en el corto período de tiempo desde que yo partí. Un mercado más libre ya está creando nuevas oportunidades de trabajo, proporcionando más recursos para responder a las necesidades sociales y fomentando el crecimiento sostenible necesario para combatir la pobreza.

Pero no podemos detenernos aquí. Centroamérica enfrenta algunas desventajas inherentes, incluyendo el tamaño reducido de sus mercados locales. Además, instituciones débiles y una historia de inestabilidad política no han permitido la captación de los niveles de inversión que necesita.

Al mismo tiempo, Nicaragua y el resto de Centroamérica son ricos en recursos y en gente de mucho talento. Esta región goza de una ventaja especial: su proximidad a los Estados Unidos, el mercado más grande en el mundo. Con una economía saludable y una dirigencia política iluminada, los negocios pueden florecer aún más.

Pero el comercio por sí solo no traerá prosperidad. Las instituciones democráticas deben ser fuertes; a la corrupción hay que combatirla; y los ciudadanos tienen que tener el derecho de vivir sus vidas sin temor alguno por su seguridad personal.

Debemos celebrar el hecho de que 34 de los 35 gobiernos en nuestro Hemisferio llegaron al poder a través de las urnas. Pero todos hemos aprendido que la democracia es mucho más que realizar elecciones libres y justas. Las instituciones democráticas deben ser lo suficientemente fuertes como para sobrevivir sin importar quien resulte electo. Politizarlas representa un paso atrás en el camino hacia la democracia.

Una institución clave es el sector judicial. El progreso en esta área no ha sido tan rápido como muchos de nosotros hubiésemos esperado. Los ciudadanos deben poder confiar en sus sistemas judiciales para que florezca la democracia. Y todos nosotros debemos trabajar juntos para combatir las atrocidades del crimen internacional: el narcotráfico, el lavado de dinero, el tráfico de ilegales. Como muchas naciones han aprendido, estos no son problemas de los Estados Unidos, sino problemas que afectan a todas nuestras naciones. Cuando se da entrada a los narcotraficantes y a los contrabandistas de ilegales, la corrupción aumenta, las autoridades son sobornadas, y nuestros hijos son inducidos al consumo de drogas. Como lo ha reconocido el Presidente Bush, la demanda es por supuesto una parte esencial del problema, y nosotros la combatiremos con vigor en los Estados Unidos. Pero nosotros todos debemos trabajar juntos para combatir estos males. Nuestros niños así lo demandan.

Y hablando de nuestros niños, no puede haber desarrollo sin hacer un extraordinario esfuerzo en la educación. Nosotros no hemos hecho lo suficiente en esta área. El Presidente Bush recientemente anunció su iniciativa de “Centros para la Excelencia”. Este será un programa con un presupuesto de $40 millones de dólares para el fortalecimiento de programas de capacitación para profesores y mejorar las facilidades en tres instituciones de capacitación una en los Andes, una en el Caribe, y una en Centroamérica. Esos centros formarán maestros y administradores mejor entrenados, y también servirán como bancos de recopilación y distribución de materiales educativos para el adiestramiento de profesores. La alta tecnología es el camino hacia el futuro, y los centros contarán con un portal en Internet que enlazará a las instituciones educativas, de manera que todos puedan compartir materiales.

He sabido que esta AmCham ha iniciado un programa de colaboración entre el sector corporativo y estudiantes. Sinceramente aplaudo este esfuerzo. En la medida en que empezamos a implementar la visión del Presidente Bush con respecto a estos “Centros para la Excelencia”, nosotros tomaremos en cuenta las estructuras ya existentes –como la de ustedes– para orientación y asociación.

Habiéndose referido tan extensamente al tema de la política de la Administración Bush hacia el hemisferio, permítame enfocar mi atención en Nicaragua y hacer algunos comentarios específicos a la situación en este querido país.

Durante la última década, la democracia electoral se ha convertido en un status quo casi universal en el hemisferio occidental. Como ciudadanos de esta región, una gran mayoría de nosotros ahora confiamos en nuestro derecho a escoger a los líderes políticos que gobiernan a nuestras naciones.

En noviembre, los ojos del hemisferio y, de hecho, de todo el mundo, estarán observando a Nicaragua esperando que dé un paso adelante en este importante proceso democrático.

En los últimos años, los nicaragüenses han sufrido no solo muchos desastres naturales, sino también políticos. Estoy convencido que el pueblo nicaragüense no quiere regresar al pasado. Los nicaragüenses merecen que su voluntad expresa sea respetada a través de unas elecciones libres, justas, transparentes y en las que todos los nicaragüenses que deseen votar tengan la oportunidad de hacerlo. El ganador de estas elecciones deberá ser determinado a través de un conteo justo, exacto y transparente, no a través de un pacto político o como consecuencia de una negociación realizada a puertas cerradas. Es responsabilidad del gobierno y del Consejo Supremo Electoral el asegurar unas elecciones libres. Los Estados Unidos proveerá asistencia técnica al Consejo Supremo Electoral y observadores electorales.

Pero no todo se reduce a ganar las próximos elecciones. El próximo presidente nicaragüense enfrentará grandes retos. Desde la perspectiva de los Estados Unidos, tendremos unas relaciones excelentes con el próximo gobierno de Nicaragua si éste:

— Demuestra su respeto a las prácticas y principios democráticos;

— Respeta los Derechos Humanos y los derechos de propiedad privada;

— Se compromete a la transparencia y ataca a la corrupción;

— Participa en la lucha contra el narcotráfico, tráfico de ilegales y otros crímenes organizados de orden internacional;

— Propicia un clima favorable al libre mercado y a la inversión extranjera;

— Evita el contacto con estados que constituyen una amenaza para el mundo y que apoyan al terrorismo, o que en otros aspectos no comparten los valores de la comunidad mundial.

Permítame detallar este último punto. En el mundo de hoy, me sorprende que alguien que se diga ser demócrata, pueda todavía mirar a Fidel Castro como “Luz resplandeciente en el hemisferio”. ¿Cómo puede creer alguien en la libertad y a la vez ir a rendir homenaje a Gadafi, quien tiene un récord de apoyo a terroristas internacionales que han matado a tantos inocentes?

Nadie que viva, respire y piense en democracia, podría de alguna forma sostener estas creencias. Además, el próximo gobierno nicaragüense necesitará atraer masivas inversiones y generar los ya tan necesarios puestos de trabajo. ¿Qué tipo de mensaje enviaría Nicaragua a los inversionistas internacionales si los principales amigos del país fueran Castro y Gadafi?

Sin duda el mundo ha cambiado desde 1979, pero no todo el mundo se ha adaptado a estos cambios. La guerra fría ha terminado. El marxismo está en el basurero de la historia. Ninguna nación puede darse el lujo de regresar al pasado.

La democracia no es un pasatiempo; es un compromiso de por vida. No es suficiente decir que uno cree en la democracia; uno tiene que practicarla. No es suficiente aceptar el resultado de las elecciones cuando uno gana; también tiene que aceptarlos cuando pierde. Uno no puede convertirse en un demócrata solamente cuando las elecciones están a la vuelta de la esquina, y predicar odio, violencia y división el resto del tiempo. Esto simplemente no funciona. La democracia es algo más que vestirse de blanco antes de las elecciones y mostrar los verdaderos colores después de éstas.

Si estos que ahora se denominan demócratas hablasen en serio, ya habrían regresado a sus legítimos dueños las propiedades confiscadas durante la “piñata” ilegal; habrían renunciado para siempre la violencia; les habrían dicho a los violadores de los derechos humanos que ya no tienen lugar en su partido político; habrían adoptado mejores ejemplos a seguir que dictadores y terroristas.

La ola hemisférica de cooperación democrática e integración económica está aumentando, en beneficio de todos, como fue demostrado recientemente en la Cumbre de las Américas en Quebec. Es muy importante que el próximo gobierno nicaragüense participe abierta y transparentemente en este proceso.

Dicha participación no solamente proveerá los elementos para la construcción de una relación bilateral más estrecha con los Estados Unidos; más importante aún, proveerá la base para una Nicaragua más democrática y económicamente prospera, como parte de un hemisferio igual próspero y democrático.

Antes de concluir, quiero decirles que el Presidente Bush y los Estados Unidos tienen fe en el pueblo nicaragüense. Y quiero asegurarle al pueblo de Nicaragua que no les hemos olvidado y que no los abandonaremos.  

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