- Ningún ganador tendrá una mayoría absoluta en el Congreso
AFP
LIMA.- La segunda vuelta electoral de hoy domingo en Perú pondrá fin a un año de convulsión política, provocada por el descalabro del régimen del destituido presidente Alberto Fujimori, pero abrirá una etapa de obligada concertación para asegurar la estabilidad y continuidad del nuevo gobierno, sea de Alan García o de Alejandro Toledo.
Las elecciones tienen el mérito de cerrar una página de la historia peruana tras diez años de un régimen que los sectores políticos calificaban de autoritario y dictatorial y que concluyó en noviembre pasado, en medio de una profunda crisis de corrupción.
Los dos candidatos en pugna, el centrista Toledo, de Perú Posible, y el socialdemócrata García, de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), han advertido en sus campañas proselitistas que Perú está en proceso de lograr su gobernabilidad a través de consensos entre todos los grupos políticos.
GANADOR DEBE BUSCAR CONSENSO
El consenso, según criterio unánime de los comentaristas, será una urgencia para un eventual gobierno de Toledo o García, más aún por cuanto ningún grupo político tiene mayoría en el Congreso de 120 representantes, lo que obligará a establecer acuerdos políticos.
La conformación parlamentaria para el período 2001-2006, tras las elecciones del 8 de abril, da a Perú Posible de Toledo la mayoría relativa con 45 representantes, seguido del Partido Aprista Peruano (García) 28, Unidad Nacional (conservador) 17, Frente Independiente Moralizador (anti García) 11, Unión Por el Perú (centrista) 6, Somos Perú (centrista) 4, Acción Popular (cercano a Toledo) 3, Cambio 90 (fujimorista) 3 y tres agrupaciones con un electo cada uno.
LA CAÍDA DEL FUJIMORISMO
La crisis política comenzó a incubarse con la decisión del ex presidente Fujimori, asesorado por el poderoso Vladimiro Montesinos, de ir a una segunda reelección, con lo que pretendía completar quince años en el poder (1990-2005).
Montesinos, ex jefe de los servicios secretos peruanos, es prófugo de la justicia y está catalogado como el enemigo público número uno de Perú. Se le sindica como un delincuente de marca mayor para quien se ha dictado orden de captura internacional.
El ex mandatario logró su objetivo de reelección en comicios catalogados de turbios y duramente criticados por la comunidad nacional e internacional, a despecho de protestas populares en las calles de Lima y de distintas ciudades del interior del país.
Pero el detonante de la crisis fue la difusión, el 14 de setiembre del año pasado, de un video en que se ve a Montesinos sobornando a un legislador opositor con 15,000 dólares para que se pase a las filas del fujimorismo.
Dicho video provocó la ruptura entre Fujimori y Montesinos, que se había convertido en la mano derecha del ex mandatario y bajo cuyo manto tejió una amplia telaraña mafiosa que es objeto de investigación por las autoridades judiciales peruanas.
La crisis derivó en el derrumbe del fujimorismo el 21 de noviembre cuando el Congreso lo destituyó por “permanente incapacidad moral” para gobernar y tras rechazar una carta de renuncia a la presidencia que Fujimori envió por fax desde Tokio. Días antes, el 13 de ese mes, Fujimori había viajado a Brunei para asistir a la cumbre de jefes de Estado del Foro Económico Asia-Pacífico (APEC), de donde sorpresivamente pasó a Japón, para no volver.
EL FANTASMA DEL VOTO NULO
Las elecciones presidenciales en segunda vuelta tendrán la opción del voto en blanco o viciado como alternativa de participación, lo cual demuestra el inconformismo entre los votantes y proyecta una sombra sobre la legitimidad del régimen adveniente. Los analistas coinciden en que a estas alturas es imposible de que el voto blanco o viciado supere los dos tercios, más de 66% ó 9 millones de votos, exigidos por la Constitución.