Alberto L. Alemá[email protected]
El diferendo sobre la navegación en el río San Juan debe ser resuelto a nivel bilateral y no en instancias internacionales, reactivando el diálogo y los contactos ordinarios a ese nivel entre los nuevos gobiernos de Nicaragua y Costa Rica desde 2002, expresó un académico costarricense del área de relaciones internacionales.
Carlos Murillo Zamora, catedrático de relaciones internacionales en la Universidad Nacional de Costa Rica, y uno de los especialistas que asesorarán en temas de política exterior la campaña del precandidato presidencial favorito del Partido Liberación Nacional (socialdemócrata), Rolando Araya Monge, dijo en entrevista con LA PRENSA que los temas comerciales y migratorios tienen más importancia que el asunto del río.
Murillo sugiere que es necesario reinterpretar algunos conceptos definidos en el tratado limítrofe de 1958 —por ejemplo el de “resguardo fiscal”—, en vez de acudir a instancias internacionales (una referencia a la Corte Internacional de Justicia de La Haya), poniéndolos a tono, según propone, con las corrientes modernas.
“Un Tratado de límites está negociado, ni hay que llevarlo a instancias internacionales , más bien hay que quedarse en los mecanismos binacionales que ya existen”, manifestó.
El académico, ex cónsul tico en Miami en la administración de José María Figueres Olsen, propuso además definir una política migratoria conjunta para regular la emigración nicaragüense al país vecino.
LA PRENSA.- Es un año electoral en Nicaragua y en Costa Rica, difícil es esperar una solución al diferendo por la navegación armada costarricense en el Río San Juan. ¿Qué cree Ud. que pasará?
CARLOS MURILLO.- Creo que el cambio de gobierno en ambos países va a dar la oportunidad de reevaluar el rumbo del asunto del San Juan que lamentablemente ocupa el lugar más importante de la agenda, sin ser el tema principal, porque hay cuestiones más importantes sobre todo cuestiones migratorias y comerciales.
Depende mucho de quiénes sean los presidentes desde el próximo año.
Para mí, el problema no es de los términos en que está el Tratado (Jerez-Cañas de 1858) en este momento sino de cómo interpretar conceptos que fueron establecidos en el siglo XIX a la luz de lo que es hoy el derecho internacional, el concepto de soberanía y las relaciones internacionales en el siglo XXI. Por ejemplo en el Tratado habla de resguardo fiscal y ya ese es un concepto del que ya nadie sabe qué es.
Dependerá mucho de cuáles sean sus perspectivas y proyectos de gobierno de los mandatarios; si va a ser ser un proyecto a lo interno del país, pensando que siguen siendo islas en un mundo cada vez más globalizado e integrado, no le veo ninguna perspectiva de solución y de sacar de la agenda bilateral el tema del San Juan.
Eso conduce a que haya que reinterpretar los términos; no es cambiar nada ni negociar nada, porque un tratado de límites está negociado, ni hay que llevarlo a instancias internacionales , más bien hay que quedarse en los mecanismos binacionales que ya existen y que han funcionado en el pasado, a establecer cómo vamos a operar una frontera , ya no pensando en el río (…) Las comunidades de ambos lados dependen de la comunidad vecina, no tanto de Managua o San José.
LP.- ¿Cuán importante es que el gobierno costarricense sea de Liberación Nacional (socialdemócrata) o de Unidad Socialcristiana?
CM.- Tengo una tesis muy personal que no tiene ningún fundamento empírico, pero extrañamente en las administraciones del Partido Liberación ha habido más canales de comunicación, un mayor diálogo entre ambos países que con los gobiernos de Unidad que está en el poder en Costa Rica.
En todo caso creo que más allá de cuál sea el partido en el poder, en Costa Rica o en Nicaragua, siento que el tono de las relaciones debe cambiar, debe elevarse el perfil de esas relaciones bilaterales. Y de nuevo retomar los temas de una agenda binacional que está establecida, pero que durante los últimos tres años no se ha reunido debido a la “sanjuanización” de la relaciones bilaterales.
LP.- ¿Y en el caso de Nicaragua, qué hay si ganan liberales, sandinistas o conservadores?
CM.- Creo que cualquiera sea el partido que llegue al poder, tienen que entender que la dinámica de las relaciones internacionales de hoy no depende de la perspectiva que se tenga de los problemas internos. No hay que meter en una misma caja los problemas domésticos y los internacionales.
Viene de la Página 18A
LP.- ¿El tema del río será tema de campaña allá?
CM.- No, no va a serlo. En general siento que todavía el electorado de nuestros países no está en capacidad de convertir en temas de campañas asuntos internacionales.
LP.- Es difícil no tener la impresión de que Costa Rica es el país menos entusiasta con la integración centroamericana. La opinión pública no está muy de acuerdo con ella y eso se refleja en la postura del Gobierno.
CM.- Ahí sí yo siento una diferencia entre los partidos principales de Costa Rica. El Partido Liberación considera más la posibilidad de una integración regional, no siento que lo tenga como un tema importante en la agenda de política exterior, pero sí ocupa un lugar más importante de lo que sería un gobierno del Partido Unidad Socialcristiana.
Eso sí, históricamente se ha comprobado que hay una diferencia en el enfoque. Yo creo —es una apreciación muy particular— que Costa Rica al igual del resto de países centroamericanos, la única opción que tiene es una integración, pero una integración gradual, como la que ha ocurrido en Europa, donde lo importante es tener claro que la integración no es la meta, sino el vehículo para lograr el desarrollo de los pueblos centroamericanos.
En gran medida, siento que no se ha analizado por qué una parte importante de la opinión pública costarricense está en contra de la integración. Mi argumento es que se manifiesta así porque no tiene claro para qué va a servir la integración, sino que sigue pensando en la integración de los años 60, en un mercado común centroamericano. ¿Y para qué el mercado común? Nunca se entendió que era la nave que nos iba a llevar a un puerto para consolidar Centroamérica como un bloque comercial.
LA MIGRACION NICARAGËENSE
LP.- ¿Qué es lo más preocupante del fenómeno de la migración nica para los costarricenses?
C.M.- La preocupación con este flujo es que el Gobierno no tenga los recursos para atender por ejemplo las necesidades de salud y educación, que es una demanda creciente de manera importante, para poder mantener los niveles de educación y salud que el país ha tenido.
LP.- En un debate reciente, los candidatos de Liberación propusieron medidas duras contra la migración ilegal.
CM.- Los interpreto en el sentido de que es importante determinar qué parte de esa inmigración nicaragüense va al país a trabajar, en busca de una oportunidad para subsistir y va con fines de residir, y cuál parte es altamente flotante, que hoy está en territorio nicaragüense pero mañana en Costa Rica, que está saltándose la frontera sin control. El problema es que hasta el momento no hay una política migratoria definida.
– ¿Cuánto es el flujo que podemos permitir de extranjeros que pueden ingresar a Costa Rica con fines de residir? ¿qué hacemos con los que no cumplen con los requisitos? ¿cómo vamos a manejar esa población y no con acciones esporádicas? Como a veces se hace, operativos por algun período y sin una coordinación muy clara.
– No cerrar las puertas a los nicaragüenses, sino regularizar.
– Determinar las causas de la migración y tomar las medidas correctivas.
– Creo que la política migratoria tiene que ser conjunta. No sólo donde se origina sino el destino de la migración y buscar las causas. Eso sería en un proyecto a más largo plazo de ver qué hacemos.
– Se debe también establecer una política migratoria clara de cómo van a salir los nicaragüenses a Costa Rica para tener un control y poder proteger (Nicaragua) a sus ciudadanos en territorio costarricense, o sea determinar si se le está irrespetando sus derechos, con un argumento sólido, a raíz de una coordinación entre ambos países.