Edgard Tijerino [email protected]
Aunque a lo largo de una amarga historia, nuestro fútbol ha sido aguijoneado por goleadas agobiantes, cada vez que ocurren nos sentimos brutalmente agredidos, con las mandíbulas fragmentadas, las arterias rotas, el corazón gimiendo y la realidad masticando desfallecientes esperanzas.
Después de perder 3-0 ante El Salvador víctimas de un fulminante operativo en los primeros dos minutos, Honduras nos acribilló implacablemente 10-2, y ayer, en la despedida de la Copa de Naciones, Panamá nos clavó 6-0… ¿Qué se puede decir cuando se reciben 19 goles en 3 juegos y sólo se marcan 2?.
Cuatro goles marcados por los hermanos Julio y Jorge Dely Valdés, otro de Juan Cubillas y uno de Brown, sepultaron a los nicas.
Es cierto que en el Mundial de 1970, Italia clasificó marcando sólo un gol en su grupo, pero ese tanto sirvió para derrotar a Suecia y aguantar empates 0-0 con Uruguay e Israel, pero cuando se juega con las defensas rotas y el portón abierto, el desastre es inevitable.
Una vez más, nuestro fútbol, desnudo y enclenque, representando el abandono en que se mantiene sumergido el deporte pinolero, regresa a casa “en carne viva”.
De repente, han ocurrido resultados casi milagrosos… Los locutores hondureños recordaban que en el Norceca del 68, en Tegucigalpa, un sudor congelado por el espanto, les provocó un escalofrío que paralizó columnas vertebrales y traqueas, cuando sobre el tiempo, como última jugada, con el marcador 1-1, Nicaragua estaba por cobrar un penal… El encargado de la ejecución con todo Honduras “manos arriba”, era Rudy Sovalbarro, jugador genial pero no tan preciso en concretar penaltis como lo fue siempre Gerardo Barrios… Rudy mandó la pelota a las tribunas y Honduras evitó lo que parecía ser una inminente derrota.
Inesperadamente se le ganó a Estudiantes de la Plata en un amistoso por 2-1 en el 66, o se le pelearon partidos al Saprissa, Municipal, Olimpia o Alianza… Incluso, recientemente, se perdió 1-0 aquí en casa frente a esa nueva e impresionante Selección de Honduras que tiene a una gruesa parte de su personal jugando en Europa, y previamente se había logrado una victoria asombrosa sobre el Alajuela.
Pero son tan pocas las actuaciones resplandecientes de nuestro fútbol y tan incontrolable nuestra satisfacción, que las recordamos con una nitidez llamativa, cobijada de lo que deportivamente se califica como “orgullo patriótico”… Tan es así, que el triunfo sobre Estudiantes, en un juego amistoso, fue metido al Salón de la Fama de nuestro deporte… ¿Se imaginan eso?.
Y esos escasos momentos, nos han confundido mientras nos dejamos atrapar por la excitación fugaz… No somos lo que esos momentos nos permiten soñar, sino lo que realmente somos, producto de un terrible desinterés, siendo las principales víctimas, nuestros atletas.
¿QUE ES LO RARO?
– De antemano sabíamos, que como siempre, la posibilidad de producir algo milagroso, aún en el concierto estrictamente Centroamericano, era extremadamente reducida… ¿Acaso se ha hecho algo aquí para ampliarla?, o mejor dicho ¿En qué momento hemos dispuesto de las condiciones requeridas para hacer crecer nuestro nivel de competencia?
– No estamos en los años 40 o 50… El deporte ha dado un salto gigantesco en todo el planeta… Para competir hay que invertir en laboratorios, tener tiempo y paciencia para procesar el material, asegurar el apoyo necesario, tener suficiente fogueo para poder desembocar en correctas evaluaciones, en fin, tantas cosas que nunca hemos podido tocar, oler, masticar, disfrutar, que se necesita ser muy ingenuo para terminar preguntándonos ¿Por qué no levantamos la cabeza Señor?… ¿Por qué vivimos sumergidos en la mediocridad?… ¿Por qué el futuro de nuestro deporte se ve tan tenebroso?.
– Nuestro fútbol, está como nuestra democracia, como nuestro sistema de salud, como el salario de la clase obrera afectada por un macabro índice de desocupación, desnudo y enclenque… No es pues, algo raro.