- De los casi 2,000 casos que se calculan, 1,129 fueron diagnosticados y unos 1,000 tratados
Mariuca LombaEspecial para LA PRENSA [email protected]
Ya puede decirse que está controlado el brote epidémico de leishmaniasis, más conocida como lepra de montaña, que alcanzó los máximos en Nueva Guinea hace algo más de un año. Casi 1,000 enfermos han ingresado al tratamiento de Glucantime en 53 comunidades de Nueva Guinea, donde Médicos del Mundo y Ayuda en Acción, con fondos de la Agencia Española de Cooperación han logrado el acercamiento a las comunidades que empieza a dar frutos a la hora de solventar limitaciones propias de la zona y la pobreza del medio.
Junto con ambas entidades médicas y el Ministerio de la Salud (Minsa), se han involucrado organismos e instituciones como la Asociación de Promotores de Salud y Parteras de Nueva Guinea e Iglesia Católica para desplegar un proyecto de control de la enfermedad que el 30 de mayo concluye con buenos resultados, a pesar de las dificultades a lo largo del proceso.
AVENTURA DE CURAR
La donación del medicamento ha sido de 29,140 ampollas de Glucantime, y para aplicarlas, lo más importante ha sido la creación de brigadas, compuestas por personal sanitario, promotores, previamente capacitados, que se adentraron hasta las comunidades más alejadas para acercar la salud a unos pobladores que de otro modo no tendrían acceso a ésta.
Muchos enfermos ingresaron al tratamiento pero no en todos los casos han podido terminar a pesar de los esfuerzos del proyecto de Médicos del Mundo y Ayuda en Acción. La razón: enfermos adentrados en las zonas más inaccesibles, pobreza extrema, burocracia también extrema y el propio contexto de vida en esa zona del país.
LA AYUDA Y LAS DIFICULTADES
Casi el 100% de los casos que han ingresado al tratamiento y lo finalizan se han curado. Son 20 inyecciones consecutivas, para lo que tienen que estar 20 días atendidos. Como explica Médicos del Mundo, el mayor logro del proyecto ha sido solventar la imposibilidad del campesino de llegar al puesto de salud diariamente, creando estas brigadas bien capacitadas para acercarse a ellos lo más posible.
Pero no ha sido tan fácil y los resultados pudieron ser el tratamiento del 100% de la población afectada si los habitantes de Nueva Guinea no vivieran en la extrema pobreza y en situación territorial de casi total aislamiento. Debido a la falta de oportunidades en las zonas habitables, la población se adentra en la selva buscando cómo sobrevivir.
“La dificultad es que tienen que vivir 20 días allí, donde la brigada de salud puede acercarse más, y eso es muy difícil para gente tan pobre. Abandonan su casa, su cosecha. Además es muy frecuente que la enfermedad se dé al mismo tiempo en muchos miembros de la familia. Los que se curan son gente que tiene el apoyo de familias, amigos, Iglesia Católica, y eso es poco frecuente para las necesidades y casos que hay”, se lamenta la Dra. Vinyet Rosés, coordinadora del proyecto en Nueva Guinea.
También explica que “es muy difícil movilizar al personal de salud a núcleos urbanos, cerca de las comunidades. Pero aún así se ha logrado mucho. El equipo llega a la comunidad hasta donde se puede usar el vehículo. Allí acuden los promotores que van a ser capacitados. Utilizan bestias para el transporte, que unas veces las tienen y otras no. El recorrido para juntarse a recibir capacitación es de 4 a 12 horas. Todo eso da una idea del enorme esfuerzo que representa el proceso de cura”.
LA TRAGEDIA DE LOS AFECTADOS
Las dificultades también provienen de parte del enfermo, de su capacidad para asistir 20 días al tratamiento. Cuenta la Dra. Rosés un caso en que durante 20 días un campesino iba y venía diariamente al puesto de salud desde su casa, a unas 5 horas de distancia.
Pero ni es posible encontrar esa voluntad de todos, ni tampoco parece justo exigirla al enfermo. Hay casos de enfermos, hombres y mujeres indistintamente, que después de todo un día luchando por cómo sobrevivir y mantener con vida a su familia, más que esperanza de curar tienen una pregunta en mente: evitar morir de leishmaniasis o evitar morir de hambre cada día.
Una de las funciones de Médicos del Mundo y Ayuda en Acción, como cooperación, ha sido precisamente mentalizar a los pobladores de que se les va a tratar esa enfermedad, y darles la confianza suficiente en que a la vez se les asiste en otras necesidades sanitarias que surgen durante las visitas de las brigadas.
A QUIéNES AFECTA LA LEPRA
“El vector -explica la coordinadora de Médicos del Mundo- es el mosquito flebotomo, también conocido como chirizo o saltarín. Los vuelos son muy corto: salta de 10 a 20 metros, por eso se le llama saltarín. Viviendo en una casa en donde alrededor no hay arbustos ni suciedad es muy difícil que llegue el mosquito, porque no puede saltar de un sitio a otro. Por eso las condiciones sanitarias y el espacio limpio y libre de arbustos alrededor de la casa evita la enfermedad”.
ACIDO DE BATERÍA Y PLANCAS ARDIENDO
La desconfianza en la atención médica es grande entre los campesinos, que se dicen, asimismo, “me salvé de una enfermedad pero qué ocurrirá con la siguiente”. Por eso es común entre los pobladores, cuando les aparecen las ronchas características de la leishmaniasis, tratar de curarlas ellos mismos con planchas ardiendo, ácido de carro o cualquier otro torturante remedio casero.
Y es que precisamente los mayores casos se dan en comunidades de más difícil acceso y en peores condiciones de vida. De los 1,129 casos reportados, 1,016 fueron analizados con resultados positivos; 994 ingresaron al tratamiento pero sólo 461 lo iniciaron. El resto o no creyó en el medicamento o no tuvo posibilidades de ir a aplicárselo entre otras muchas razones. De estos que iniciaron el tratamiento, el 94% lo terminó y el 98% de esta misma cifra se curó totalmente.
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