Este campesino, cansado del trabajo, se sienta a descansar un momento sobre los árboles que él mismo ha botado para poder sembrar la tierra que, mientras tanto, arde.

Siuna pierde su patrimonio natural

Conseguir agua en el Municipio de Siuna es una virtual odisea, el caudal de los ríos es historia y las pocas fuentes de agua que aún existen están contaminadas por la actividad minera Un documento llamado “Plan de Emergencia”, revela que la explotación maderera en la región ha aumentado en los últimos tres años en […]

  • Conseguir agua en el Municipio de Siuna es una virtual odisea, el caudal de los ríos es historia y las pocas fuentes de agua que aún existen están
    contaminadas por la actividad minera
  • Un documento llamado “Plan de Emergencia”,
    revela que la explotación maderera en la región ha
    aumentado en los últimos tres años en la zona, donde el desprecio por la naturaleza
    es total

José Adán [email protected]

En el “Hospedaje Siuna” pregunté a don Adán dónde quedaba el baño. Me lo señaló cordialmente: “ahí de frente, detrás de esa puerta”. Me dirigía hacia esa puerta, pero no había dado ni tres pasos cuando el señor me dijo con naturalidad que no había agua para bañarse.

El calor estaba mucho más arriba de lo que normalmente se espera que sea la temperatura a las 7 de la mañana en un lugar de naturaleza agreste; la noticia de que no había agua me cayó, no como balde de agua fría, sino como si alguien me hubiese dejado caer de pronto una taza de agua caliente. Mientras trataba de asimilar mi decepción, Siuna parecía estarse calcinando.

Un breve recorrido que hizo en ese sector un equipo de LA PRENSA, en búsqueda de un río donde matar el calor, sirvió de testimonio para comprobar de cerca el irrespeto con que se tratan los recursos naturales de ese lugar del país.

COPERNA Y YAOYA

Después de recorrer un trecho de 35 kilómetros de paisajes desolados (cerros arrasados por el fuego, huellas pedregosas de ríos secos y hectáreas de jardines de troncos de árboles), llegamos hasta Coperna, una comarca árida al suroeste de Siuna.

Ahí opera un centro de acopio de madera. En un predio de aproximadamente media manzana de extensión, estaban apilados 5 mil árboles pasados por sierra eléctrica. La visión que el espectáculo ofrecía no despertaba menos que rabia y tristeza. Y eso que habíamos llegado tarde, porque durante tres días los camiones habían estado sacando la madera tumbada de ese acopio y llevándola a los aserraderos del resto del país. Eso sí: todos estaban legalmente registrados y revisados por Inafor (Instituto Nacional Forestal). Habían permisos sellados, avales y firmas que autorizaron el corte y traslado de la madera.

En la búsqueda de un lugar donde bañarnos llegamos a Yaoya, un río de piedras más que de agua. Las partes más hondas del río son de un metro de profundidad. Dicen los vecinos que antes, en los años de guerra, camiones SIL e IFA no pudieron pasar el río por lo profundo y caudaloso que era.

Hablan de varios militares ahogados en ese río, en su intento por cruzarlo. Ahora, en tiempos de paz, el Yaoya no sólo está más seco, sino también contaminado. Conversamos con un temeroso experto en temas ambientales que tiene una oficina en Siuna. Ahí nos dijo que no era un secreto que las aguas de los pozos y ríos del Triángulo Minero estaban contaminadas por los trabajos de minería.

Mercurio, plomo, azufre y otros elementos comunes en esos lugares para procesar el metal precioso, están presentes en todas las reservas de agua de Siuna.

En Yaoya la gente lava la ropa y se baña. Ahí mismo llegan las afanadoras del Hospital “Carlos Centeno” a lavar las sábanas y demás trapos sucios que se utilizan en ese centro de atención médica. Sangre, heces, purulencias, desechos orgánicos y toda clase de desperdicios se mezclan en las aguas del Yaoya, donde las mujeres del pueblo llegan a bañarse con sus hijas.

A ese río también llega un destartalado camión cisterna a recoger agua, para luego llevarla a vender al pueblo a 20 córdobas el barril. El agua es tan sucia que no se logra ver el fondo de un balde lleno de ese líquido. Aún así, en la mayoría de los hogares de Siuna con esa agua se preparan los alimentos, porque de los grifos no sale ni aire. La fuente de agua que abastece al pueblo se seca en verano, y aunque estemos en período de invierno, en Siuna las lluvias se han ahuyentado.

DESTRUCCIÓN IMPUNE

Según datos oficiales del Consejo Regional Autónomo del Atlántico Norte, presentados al Presidente Arnoldo Alemán y a su gabinete de gobierno en un documento llamado “Plan de Emergencia”, la explotación maderera en la región ha aumentado en los últimos tres años.

“Sector Forestal y Medio Ambiente: este ha venido cobrando gran importancia en los últimos años siendo mayores aportadores de madera roja en rollo, que en su mayoría extraen sin control ni registros estadísticos; en el año 1997 el delegado municipal de Marena informó que se tenía autorizado 500 hectáreas para explotación, pero actualmente se habían explotado 10,000 por parte de empresas madereras y contratistas”, dice parte del documento.

Agrega: “Desde 1996, la Alcaldía de Siuna ha estado autorizando 100 permisos anuales para corte a pequeños madereros de 150 metros cúbicos cada uno. De los cuales tendrían que cortar un 40 por ciento de madera roja y 60 por ciento de madera blanca, pero eso no se está cumpliendo”. Existen 30 comercializadoras individuales de madera, pero los pobladores comentan que el número de centros de acopio de madera sobrepasa los 300.

Al final del recorrido regresamos al poblado de Siuna más acalorados que al inicio, pero con la firme promesa de soportar el calor, aunque ello implicara el molesto sacrificio de condenar el higiénico ritual del baño diario.  

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