Disyuntiva

Alba Portocarrero [email protected] Sobre la carta ¿Y los nicas en el exterior?, del pasado 30 de abril, escrita por el señor Henry Hueck, me encuentro en una disyuntiva entre lo emocional y lo lógico. Mi corazón, por un lado, me grita a estar totalmente de acuerdo con el señor Hueck. Siento el deseo de hacer […]

Alba Portocarrero [email protected]

Sobre la carta ¿Y los nicas en el exterior?, del pasado 30 de abril, escrita por el señor Henry Hueck, me encuentro en una disyuntiva entre lo emocional y lo lógico.

Mi corazón, por un lado, me grita a estar totalmente de acuerdo con el señor Hueck.

Siento el deseo de hacer Patria, como él lo llama y de ser parte del proceso a elegir un futuro nuevo para Nicaragua.

Por el otro lado, la lógica me dice que aunque eso sería lo ideal, no lo veo tan factible, ya que la mayoría de nosotros los nicaragüenses que vivimos en el extranjero nos hemos desligado mucho de lo que realmente pasa en Nicaragua y estaríamos imponiendo nuestras opiniones desde un punto de vista como extranjero.

A veces pensamos que, porque llevamos mucho tiempo viviendo en un país como Estados Unidos, hemos aprendido la educación cívica que ha hecho de esta nación lo que es, sin embargo, cuando uno habla con amigos y conocidos se da cuenta que las malas costumbres siguen presentes y que los que se toman el trabajo de hacer campaña política desde aquí, lo hacen para poner a los mismos corruptos de siempre. (Miren el gobierno que tenemos ahora que fue apoyado en gran parte por el grupo de nicaragüenses liberales en Miami).

La mayoría de los que estamos aquí ayudamos económicamente a nuestras familias, e indirectamente a la economía global del país.

¿Nos da esto el derecho de votar? No, el derecho de votar no se compra. El derecho de votar pertenece a aquellos que se informan, se preocupan y viven en el suelo nicaragüense y que tendrán que vivir con las consecuencias de su voto.

Claro que los que están en el extranjero en funciones diplomáticas o por negocios temporales, sí tienen pleno derecho a votar.

Pero aquellos que hemos adoptado nuestro nuevo país y aún pudiendo volver, optamos por tomar residencia afuera, es hora de que rompamos el cordón umbilical.

Sigamos ayudando a nuestra familia y a nuestro país con nuestro dinero y con nuestras oraciones, pero Nicaragua tiene que aprender a gobernarse así misma, y muy poco podemos hacer desde aquí en ese sentido.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí