Janelys Carrillo Barrios [email protected]
Con dos votos a favor y uno en contra, el Tribunal de Apelaciones de Managua reformó la sentencia que puso en prisión a tres hombres, que el 28 de diciembre de 1997 violaron y mataron a una trabajadora del sexo, al tiempo que ordenó aplicarles una pena por homicidio y no por asesinato atroz.
El 5 de agosto de 1998, un día después que un Tribunal de Jurados declaró la culpabilidad de Luis David Benavides Espinales, Guillermo José Salguera Polanco y Elder Antonio Sandoval Tijerino por el delito de violación y asesinato atroz, la entonces Jueza Quinto de Distrito del Crimen de Managua, Martha Quezada, los condenó a la pena máxima, de 30 años de presidio.
APELACIÓN LES FAVORECE
Los abogados defensores de los reos apelaron la sentencia y solicitaron al Tribunal de segunda instancia que anulara la investigación de Quezada desde la sentencia interlocutoria, porque las pesquisas judiciales supuestamente estuvieron plagadas de anomalías y además, la víctima jamás fue identificada.
La Procuraduría Penal respaldó el fallo de Quezada y argumentó que si bien nunca se conoció la identidad de la joven atacada, los procesados “aumentaron el sufrimiento antes de quitarle la vida, violándola (y) asegurándose sin ninguna piedad que la víctima no pudiera defenderse de sus agresores”.
TORTURA PRECEDIO CRIMEN
El médico forense, Juan Navas, dictaminó que la muchacha murió “asfixiada por sofocación”, ya que para ahogar sus gritos sus verdugos le introdujeron un calcetín en la boca, tras lo cual la torturaron con saña y la violaron por la vía vaginal y anal.
Fue por esa razón que la Procuraduría pidió al tribunal de Apelaciones que confirmara la condena de 30 años de presidio impuesta por Quezada. Sin embargo, para los magistrados de Apelaciones que decidieron reformar la sentencia y con ello la pena contra los violadores, lo que hubo fue un homicidio y no un asesinato atroz.
La magistrada Martha Lacayo, quien disintió de sus colegas Enrique Chavarría y Silvia Rosales, valoró que había méritos suficientes para dictar los 30 años de prisión a los criminales, por cuanto la agresión de los tres violadores fue desproporcionada y con saña, y no contentos con eso robaron la ropa y las prendas de su víctima, cuyo cadáver tiraron en un basurero de la Zona 10 de Ciudad Sandino.