Grandes cantidades de alimentos genéticamente modificados producidos en el mundo y el 80 por ciento del maíz transgénicos son usados para alimentación animal. LA PRENSA/ARCHIVO.

Especialista afirma: “Transgénicos deberían ser seguros”

Tomado de Promesa Jimmy Clark, profesor de la Universidad de Illinois, concluyó que “basados en los análisis de seguridad requeridos para cada alimento: leche, carne y huevos producidos por los animales alimentados con productos transgénicos deberían ser tan seguros como los productos derivados de los animales alimentados con cosechas convencionales”. Aproximadamente el 70 por ciento […]

Tomado de Promesa

Jimmy Clark, profesor de la Universidad de Illinois, concluyó que “basados en los análisis de seguridad requeridos para cada alimento: leche, carne y huevos producidos por los animales alimentados con productos transgénicos deberían ser tan seguros como los productos derivados de los animales alimentados con cosechas convencionales”.

Aproximadamente el 70 por ciento de la soya genéticamente modificada producida en el mundo y el 80 por ciento del maíz transgénico producido en los Estados Unidos son usados para alimentación animal. “Desde que esos cultivos comenzaron a cultivarse en 1996, han sido el alimento del ganado y no se han reportado efectos nocivos”, dijo Clark.

En los experimentos que Clark revisó, el maíz usado fue genéticamente modificado con el gen Bacillus Thuringiensis (Bt), una bacteria del suelo que produce proteínas que matan al “Taladrador Europeo del Maíz” una plaga común que destruye las cosechas, ataca la planta y crea condiciones propicias para el desarrollo de hongos que afectan la calidad del grano.

HONGOS CANCERIGENOS

Además, el hongo produce una toxina peligrosa que puede llegar a matar a caballos y cerdos, y que en el ser humano puede provocar cáncer en el esófago. Al eliminar este gusano del maíz, se reduce el riesgo de desarrollo del hongo y se mejora la calidad del maíz para alimentar animales o seres humanos.

La soya usada en el estudio fue producida por la inserción de un gen que desarrolla en la planta tolerancia al herbicida glyphosate. Esta tolerancia permite a los granjeros aplicar el herbicida sin afectar al cultivo de soya.

En otros estudios el valor nutricional del maíz y la soya transgénicas fue comparado con sus pares tradicionales. Esos estudios no presentaron diferencias significativas en la composición nutricional de los granos.

Igual que muchos otros científicos que trabajan en biotecnología, Clark cree que los alimentos transgénicos son la respuesta a las necesidades de alimentos de la creciente población mundial. “Se estima que la cantidad de alimentos para suplir adecuadamente la necesidad nutricional de la humanidad en los próximos 40 años”, dice Clark, “es cuantitativamente igual a la cantidad de alimentos producidos a lo largo de toda la historia de la humanidad”.

Con la actual población mundial estimada en seis mil millones de habitantes, la misma que crecería a 10 mil millones para el año 2040, Clark cree que los modernos métodos biotecnológicos deberían ser usados para producir suficiente alimento para ganado y seres humanos.  

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