Yolanda del Socorro Guevara [email protected]
Con respecto al Editorial de LA PRENSA del viernes 27 de abril, opino que prometerle al pueblo algo y no cumplirlo tiene consecuencias nefastas.
El incumplimiento de una promesa es un crimen, si ésta genera violencia, derramamiento de sangre o muerte.
Reclamar lo prometido es lo justo. Utilizar las fuerzas del orden público irresponsablemente es un abuso de poder. Por lo tanto, esos políticos son responsables de las consecuencias que generen tales promesas.
Al juramentarse los funcionarios públicos son advertidos que si no cumplen con el pueblo, este mismo los condenará. Mulukukú fue provocado por una promesa incumplida. Mucho cuidado con los que prometen y no cumplen, pues sobre su conciencia recaerán todas las consecuencias y serán juzgados ya sea abajo o arriba.