- Casi nunca dan su verdadero nombre ni tampoco su dirección exacta
Wilder Pérez [email protected]
Juan aún es un niño, pero eso no le impide despertarse a las 5:30 de la mañana todos los días para traer el sustento diario de la familia. Empieza limpiando vidrios en los semáforos a las 6:00 a.m. y tres horas después venderá agua helada. A las 4:00 p.m. deja de vender y pide “un peso”.
Juan dejó de estudiar a los seis años de edad, cuando apenas conocía las letras. Tiene tres años de trabajar en los semáforos y su mayor habilidad es conmover a los conductores con muecas de tristeza en la cara para ganarse su “peso”.
Ni siquiera sueña con ser bombero, policía o ingeniero, sólo piensa en recaudar más de 40 córdobas al terminar la tarde para no enfurecer a mamá, porque a fin de cuentas, él carga la cruz que sin morir le heredó su padre.
Como Juan, 501 niños de los semáforos en Managua corren la misma suerte. Su característica más sobresaliente y común a todos ellos, es que son súper desconfiados.
“Difícilmente dan su verdadero nombre y nunca dan la dirección exacta de sus casas”, afirmó Cecilia Sánchez, Coordinadora de Proyectos del Ministerio de la Familia.
MUNDO HOSTIL
Según Sánchez, esto obedece a que crecen en un mundo hostil en donde la mayor parte de su tiempo deben dedicarla a defenderse de los abusos de los adultos.
“Hay casos en que por dos córdobas un conductor convence a una niña a realizar actividades que atentan contra sus escrúpulos”, expresó la funcionaria pública.
Empero, lo que más sufren los niños son las groserías que reciben en su entorno, especialmente de parte de conductores malintencionados. “Por eso los niños huyen cuando se les quiere ayudar, piensan que el propósito es alejarlos de esa vida, que es lo único que conocen”, dijo Sánchez.
Añadió que es muy común que ellos actúen de forma poco agradecida y a veces hasta agresivamente. “Ellos no son malos, ése es el único mecanismo que encuentran para protegerse de las malas intenciones de los demás porque eso han aprendido”.
Todos estos niños se encuentran hasta en 32 semáforos de Managua. La mayoría de ellos se ubican en la carretera norte, Enel y el González. Pero no todos son de la ciudad capital. El 20 por ciento de ellos viaja todos los días desde Ciudad Sandino y el 10 por ciento desde Tipitapa.
LO QUE DICEN LOS PADRES
Generalmente se trata de hijos de madres solteras, aunque también hay padres. “Tengo ocho hijos y sólo yo los mantengo, ellos me ayudan porque los 100 córdobas que gano diario no me dan para todos”, dijo Gilberto Valverde, vendedor de frutas y agua helada de los semáforos de Enitel.
Su máximo sueño era que su hija mayor estudiara en la universidad, “pero es muy cara, por eso se bachilleró y sigue vendiendo conmigo”, comentó desilusionado.
Caso contrario es el de Ileana Cruz, que en el mismo semáforo andaba buscando a su hijo de 14 años porque “la traicionaba”.
“En vez de vender se pone a jugar monedas, tiene que vender para que comamos sus hermanos y yo, pero se pone a jugar”, expresó molesta.
Cruz dijo que ésa es la vida en sus últimos ocho años. “No puedo trabajar porque tengo que cuidar a mis hijos”, justificó.
Sin embargo, el cuido que les da es sentarse a ver que no les pase un camión encima cuando andan vendiendo.
DECENAS HAN ABANDONADO SEMAFOROS
Sin embargo, desde febrero, 305 niños abandonaron ese mundo y ahora tienen una niñez menos dura a través del “Plan semáforo y otras situaciones de riesgo”, que arriba a su segunda etapa y que impulsa el gobierno.
El plan incluye el seguimiento de los menores en su educación y pretende reducir al máximo su número en los semáforos.
Se estima que en pocas semanas se tendrá listo un estudio sobre las afectaciones físicas y psicológicas que presentará el Ministerio de la Familia.