Denis Martínez: “Perdóname mamá”

Edgard Tijerino [email protected] La pérdida de un ser querido nos coloca frente a una montaña de recuerdos -no solamente buenos- de una etapa que se ha ido para nunca más volver. Ante el ataúd en el que reposaba su madre con ese gesto de bondad infinita que siempre la caracterizó, con esa piel curtida a […]

Edgard Tijerino [email protected]

La pérdida de un ser querido nos coloca frente a una montaña de recuerdos -no solamente buenos- de una etapa que se ha ido para nunca más volver.

Ante el ataúd en el que reposaba su madre con ese gesto de bondad infinita que siempre la caracterizó, con esa piel curtida a través de jornadas de intenso trabajo en busca de un futuro mejor para sus hijos, Denis Martínez parecía estar diciendo: “Perdóname mamá”.

Y Doña Emilia Ortiz, que dejó de batallar para atender el llamado del señor a los 89 años, debe haber sonreído al escucharlo.

Ella quería que Denis se convirtiera en Ingeniero… Día tras día, mientras el muchacho cursaba su bachillerato, Doña Emilia fantaseaba sobre sus proyecciones… “Será un profesional. Quiero otro tipo de vida para él”, debe haber pensado constantemente.

Ah, las madres, que imaginación tienen sobre los hijos… Como dice Reinaldo Arenas en su libro “Antes que anochezca”, ellas quieren que seamos de acuerdo a sus deseos, en tanto, nosotros queremos realizar nuestras propias aspiraciones.

“Perdóname mamá por no haber podido ser ingeniero, por no haber concluido una carrera como tú querías, por haberme desviado hacia el béisbol”… Un momento Denis, ella debe haber llegado a convencerse que tomaste la decisión correcta… Que enfrentaste el riesgo hasta alcanzar el estrellato como monticulista. Que las reglas de cálculo, el compás, los escalímetros y las ecuaciones trigonométricas, fueron utilizadas alrededor del manejo de los diferentes lanzamientos… Que 245 victorias, 30 blanqueadas, 122 recorridos completos y un Juego Perfecto, suponen trabajos de alta ingeniería en la colina de los infartos.

Claro que lo disfrutó Denis, y tuviste tiempo de comprobarlo.

“Perdóname mamá por haberme desviado hacia terreno faul, fabricando peligrosas complicaciones, poniendo en riesgo mi futuro, malogrando cifras más convincentes… Nunca debí haber flaqueado”… Cierto “Chirizo”, pero ¿qué hay del enderezamiento impresionante hasta convertirte en alguien de comportamiento ejemplar?… ¿Acaso es eso algo sencillo no titánico?… ¿Cuántos lo logran?.

Con esa sabiduría que cultivan las madres para captar y para incidir, y esa humildad para solidarizarse y para aferrarse a esperanzas, Doña Emilia supo valorar ese oportuno y conveniente cambio de dirección de Denis con el apoyo decidido de Luz Marina, y desde entonces, su orgullo creció.

“¿Perdonarte qué hijo?… Por Dios, si he visto tu lucha diaria contra la fragilidad de los humanos… Si –como diría Demóstenes- estaba escrito que serías pelotero y también que flaquearías para levantarte de la lona y proyectarte con una fuerza avasalladora… Ese fue tu mayor éxito… ¿Cuántos no quisieran ser como vos?… No te preocupes hijo, queda tranquilo”.

La relación madre-hijo es lo más sublime, aunque en muchos casos termine siendo de una vía, porque usualmente, las madres lo dan todo sin esperar nada.

Pero la vida le ofreció a Denis la posibilidad de ser útil para su madre, de inyectarle orgullo, de proporcionarle satisfacción, de pedirle perdón después de haber derrotado los factores adversos.

Una lágrima del pelotero del siglo, cayó sobre el rostro resplandeciente de Doña Emilia… Los dos, cumplieron su misión.  

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