Rómulo Sánchez Leytón*[email protected]
Uno de los objetivos macroeconómicos es mantener precios estables o levemente ascendentes. Para ello son necesarios algunos conocimientos sobre la tendencia general de los precios. En economía se habla mucho de números índices e indicadores. Los números índices son cuantificaciones que sintetizan en cifras la evolución o el comportamiento de variables económicas o de otra naturaleza, pueden ser éstos para efectos de medir los cambios en los precios, cantidades y valores.
El Indice de Precios al Consumidor (IPC), se calcula en base al promedio de los precios de los productos (53 en Nicaragua) de una serie de informantes, que pueden ser las pulperías, mercados, en las ferias o en los supermercados. Es importante que los negocios estén formalmente establecidos, para cotejar periódicamente la información y debe mostrar un volumen de venta importante de los artículos del IPC. El mismo se obtiene ajustando los índices simples de cada artículo, según su importancia relativa en la canasta de artículos (vivienda, alimentos, alojamiento, vestido y asistencia médica, barberías, librerías, farmacias, sastrerías, lavanderías, Enacal, Enitel, Enel, etc.). Existen también índices simples, cuando tomamos solamente el precio de un artículo.
El IPC en Nicaragua tomaba en cuenta los precios del área urbana, desde el año 2000 se construye un índice que tenga cobertura general. El que se utilizaba como año base era 1994=100. Es importante que el período que sirve de base sea estable, es decir, que no se hayan dado situaciones económicas extraordinarias o distorsionantes.
La actualización de las ponderaciones del IPC, requiere de una información de ingresos y gastos, la que se realizó en el año 1999, será el año base y el representativo del consumo de las familias urbanas de todos los estratos de ingresos. Por otra parte, la cesta de bienes y servicios, está referida a un consumidor representativo, de ahí que los gastos de ese consumidor promedio no tengan necesariamente que coincidir con los gastos de una persona en particular. Los productos y servicios incluidos en el IPC, se toman a partir de un patrón de consumo, que pueden ser proporcionados por encuestas de ingresos y gastos de una población en referencia.
La tasa de inflación se refiere a las variaciones en el nivel de precios, o lo que es lo mismo, es la tasa de crecimiento o descenso del nivel de precios de un año a otro. Cuando la tasa de inflación es negativa, bajan los precios, tenemos el fenómeno de la deflación. El otro extremo es la hiperinflación, el nivel de precios ascienden vertiginosamente, de mil o un millón por ciento al año. Alemania de Weimar en los años veinte, Brasil, Nicaragua en los 80 y Rusia en los noventa. El sistema de precios apenas tiene significado y se desmoronan. Con ello se distorsionan las decisiones económicas de las empresas y los individuos.
El IPC es principal indicador del comportamiento del nivel general de los precios en una economía. Él es la medida de la inflación. La inflación acumulada en el período de 1992 a 1999 ha sido de 91.6%. Si se quiere ser preciso en el uso del IPC, hay que evitar confundirlo con el parámetro del costo de vida, ya que él mide la variación de los precios en un período determinado y no los cambios en el costo de la vida. Las variaciones en el IPC se reducen a los cambios en los precios, de una cesta de bienes y servicios, que permanece fija en calidad y cantidad por un tiempo determinado. Por lo tanto, el IPC, no toma en cuenta los cambios que se puedan dar en la cantidad y calidad de los artículos. El mismo no toma en cuenta los avances de la ciencia y la tecnología.
Cuando se trata de evaluar el poder adquisitivo del ingreso, se debe servir de un índice de precios, como el IPC. ¿Es mejor la situación de mi familia que hace cinco años? ¿Adquirimos más bienes o menos bienes que hace un año?
Es decir, éste sirve para ajustar los precios, sin embargo, hay ciertos problemas inherentes. El IPC tiende a sobrevalorar la inflación. Otros tipos de índices padecen de otras dificultades, así el Indice de Precios al Productor (IPP), sobreestima los movimientos de precios. Si los cambios en índices de precios, como el IPC y IPP sobrevalúan la tasa de inflación y los políticos no están plenamente conscientes de ello, pueden aplicar políticas demasiado restrictivas. La consecuencia que puede derivarse es qué pueden basar sus decisiones en la percepción de que la inflación es más alta o más baja, de lo que verdaderamente es. Sobredimensionar el IPC en 1 ó 2 por ciento, puede costar a los gobiernos mucho dinero (hasta millones de dólares).
Con una sobreestimación del IPC, no solamente el sector público sale perjudicado, sino también, los contratos salariales privados, se atienen a la información del IPC. Es decir, cuando el IPC se incrementa, los salarios de los trabajadores se ajustan al alza automáticamente. Si el IPC sobrevalúa la inflación, entonces la empresa privada termina pagándoles más a sus empleados de lo que deberían. Por el contrario, si se subvalora la inflación, y no se ajustan los salarios, la erosión del poder adquisitivo de los salarios se minimiza, el nivel de vida desciende y aumenta la pobreza.
Según la encuesta levantada por el Ministerio del Trabajo en julio 1999 revelaba que el 56% de la PEA urbana ocupada percibía menos de 1,000 córdobas mensuales. Para esa misma fecha la canasta de 53 productos costaba 1,667 córdobas. Al mismo tiempo un 27% de la población urbana ocupada se ubica en la escala de 1,000 a 2,000 córdobas y solamente un 17% recibía más de 2,000 córdobas. Otro dato revelador es que las mujeres soportan ingresos individuales que sólo alcanzan el 40% de los obtenidos por los hombres. Lo que refleja la profunda desigualdad económica que soportan las mujeres.
Por otra parte la evolución del poder de compra del salario real se ha deteriorado. En 1991 un trabajador se compraba con un salario promedio de C$1,032 córdobas 1.44 canasta básica, y para julio del 2,000 con un salario promedio de C$1,842 córdobas sólo alcanzaba a comprar 0.73 (3/4) de la canasta básica. Esto es equivalente a una reducción del poder de compra del salario real de un 52.08% de 1991 a diciembre de 1999.
La excesiva rigidez en la política económica gubernamental, ha tenido resultados contraproducentes, y han sido de signo regresivo para la mayoría de la población. Aquí se trata de estabilizar el crecimiento, crear empleos para defender el poder adquisitivo de la población. El controlar de manera obsesiva la inflación no garantiza, ni la estabilidad macroeconómica, ni un desarrollo sostenible. No olvidemos que los ingresos cada vez permiten comprar menos e incrementan la pobreza. Por supuesto, los que cuentan con megasalarios y el “postre” de las dietas, están en mejores condiciones que los mortales trabajadores. En Nicaragua la pobreza se sigue “afianzando” aunque se le quiera maquillar, con carreteras, rotondas y escaleras eléctricas. Un último estudio de la Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL), señala que el 75% de la población vive en situación de pobreza. De cada 10 nicaragüense 3 viven en indigencia y subsisten con menos de un dólar por día.
* Doctor en Economía.