Rosario Mendoza Corearosario.mendoza@la prensa.com.ni
El miércoles 18 de abril, a las 5 de la tarde, abordé un bus de la ruta 120, muy destartalado por cierto.
En mi cálculo, pensé que alrededor de las 5:30 estaría en casa, pero lejos de suceder esto, casi me voy a la otra casa que tenemos todos los seres humanos en el otro mundo, gracias al brillante conductor de la ruta que a lo mejor ni siquiera había chequeado el sistema mecánico de su unidad.
El bus del cual no tuve precaución de tomar la placa, porque mi cuerpo era un manojo de nervios, aventajaba a otros vehículos, daba unos giros de padre y señor mío, que nos dejaban sin aliento a unos y a otros casi los dejaba en el suelo si estaban mal agarrados a lo interior del mismo (como si estuviera en buenas condiciones para hacer tales peripecias).
Resulta que a la altura del puente Riguero, comienzo a sentir algo extraño… ¡el bus se iba ladeando y yo estaba sentada en uno de los asientos junto a la ventana, de pronto pensé que estaba dando otra de sus vueltas espectaculares bordeando una rotonda, pero el giro se acentuaba más y más y comienza toda la gente a gritar desesperada porque ya nos veíamos en la pista con el bus volteado y nosotros con él!.
Todos, con la agilidad que sale oportunamente en estos casos, saltamos por la puerta que lógicamente también se estaba elevando del nivel del suelo, como producto de que el bus iba ladeándose hacia el lado contrario.
Y es que en ese momento, según dijeron, el bus perdió los frenos o la dirección, yo no sé qué, pero la verdad es que perdió el equilibrio, alcanzó la cuneta y más aún, se encaramó en la montañita de tierra y monte que separa el cauce de la calle en ese sector.
Todo hacía indicar que íbamos rumbo al cauce con todo y bus, pero finalmente se detuvo la unidad dejando en un mar de nervios a la gente que ya se había tirado de él, en su mayoría.
Apenas el conductor logró controlar la unidad volvió a dejar que la gente alcanzara la unidad, que ya había dado muestras de no estar en buenas condiciones. Parece que este conductor es de los que hasta que ve la cosa en su máxima expresión, toma las medidas precautelares.
Pero de todos modos, como el organismo para controlar estos desaciertos es Irtrarmma, yo dejo sentada mi denuncia en este medio y pido que se prevean esas situaciones y en casos como ese, creo que lo más sensato es sacar de circulación la unidad y devolver su dinero a la gente para que pueda continuar su rumbo en mejores condiciones que les aseguren llegar a su casa.
Aclaración
Por un lamentable descuido dejamos pasar en el artículo “Alan García no es el culpable”, escrito por el señor Federico Dueñas, una expresión grosera contra los miembros del Centro Carter. Los insultos y groserías, aunque sean parte de un artículo de opinión personal firmado por su autor, no deben tener cabida en las páginas de LA PRENSA.
Pedimos a los miembros del Centro Carter y a nuestros lectores en general, que nos disculpen.
El Editor.