Acorralados

¿Recuerda el estimable lector aquellos tiempos en que la juventud era cazada para ir a morir por ideales extraños y posiblemente contra sus ideales democráticos? Se dice que sin preparación militar eran echados al frente de batalla y arreados por cubanos que no dudaban en matar al que retrocediera. ¿Quién puede culparlos? Ahora pensemos en […]

¿Recuerda el estimable lector aquellos tiempos en que la juventud era cazada para ir a morir por ideales extraños y posiblemente contra sus ideales democráticos? Se dice que sin preparación militar eran echados al frente de batalla y arreados por cubanos que no dudaban en matar al que retrocediera. ¿Quién puede culparlos?

Ahora pensemos en el caso de Pedro Solórzano. ¿Hay alguien que dude que ha sido presionado y amenazado? ¿que se han concertado fuerzas políticas para destruirlo? Yo en lo personal tengo en gran estima a este joven, pero es obvio que ha sido estrechado con alevosía, al grado que se le ha impedido ser el legítimo alcalde de Managua y el legítimo candidato a Presidente de la República por sus al parecer innatas simpatías populares y su actitud reacia a la sumisión.

Considero que la última conducta de Pedro no es más que el Síndrome de Estocolmo. Pedro ha sido injustamente acosado y al parecer se ha doblegado, pero hay que recordar que nadie está obligado al heroísmo. Las posibilidades de ser inmoralmente encarcelado, han sido puestas en movimiento por un sistema implacable y es posible que el temor se haya apoderado de su alma. Y de esto ¿quién puede culparlo?

Otra expectativa es que se haya confundido y su mente no le haya permitido ver la realidad que no es muy confusa: Al pueblo de Nicaragua le conviene mucho más que cualquier alianza, la existencia de un tercer partido con posibilidades de inclinarse a uno u otro lado, según convenga a los intereses patrios, salvaguardando así la libertad nacional.

Víctor Canales H.  

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