La cuestionada Integración Centroamericana

Ahora que está aceptada la globalización; que se han unido las naciones más cultas y poderosas de Europa en una sólida comunidad y que en el cono sur suenan los tambores para una reconciliación y consiguiente unidad, abordando sus ancestrales diferencias, es ridículo y anacrónico que las cinco pequeñas parcelas que constituimos Centroamérica sigamos enfrascados […]

Ahora que está aceptada la globalización; que se han unido las naciones más cultas y poderosas de Europa en una sólida comunidad y que en el cono sur suenan los tambores para una reconciliación y consiguiente unidad, abordando sus ancestrales diferencias, es ridículo y anacrónico que las cinco pequeñas parcelas que constituimos Centroamérica sigamos enfrascados en nacionalismos absurdos.

Los promocionados y costosos Parlamento y Corte de Justicia centroamericanos sólo han servido para aumentar los egresos de estos empobrecidos países. Muy bien actuaron los presidentes costarricenses negándose a participar.

Ahora que las comunicaciones electrónicas han llegado a progresos increíbles y las constantes reuniones de presidentes y embajadores, como lo presenciamos diariamente, que los árabes y judíos se reúnen hoy en Washington y mañana en El Cairo, se hacen cada vez menos necesarias las representaciones diplomáticas, que significan un gran gasto en dólares. ¿Por qué no ponerse de acuerdo y que los embajadores sean para toda Centroamérica, haciendo rotación y dividiéndose los gastos?

Y en el actual problema del mar territorial, nada más lógico, económico e integracionista que compartirlo los cinco países centroamericanos, patrullando en conjunto, para no permitir la intromisión de barcos extranjeros. Es claro que en el tratado que deberá firmarse tienen que estipularse las restricciones en cuanto a yacimientos de petróleo y otros minerales o riquezas naturales que se encuentran en las plataformas continentales de cada país.

Oí el argumento de que había que hacer esta proposición, sólo para economizar unos cinco millones de dólares que cuesta un juicio en La Haya. Me parece un gasto exagerado, pues no creo que un abogado extranjero pueda conocer mejor el problema y la historia de Nicaragua, que nuestros especialistas, algunos de los cuales, que ocupando altas funciones, podrían cooperar por puro patriotismo o contratar a cualquiera, con menos del valor de un megasalario. Ahora todo se envía rápidamente por fax y si hay necesidad de viajar, debe hospedarse en la Embajada de Nicaragua, pues estamos en economía.

José Antonio Tigerino Altamirano

Abogado.  

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