- Hasta 1960 el diario dirigido por don Juan Ramón Avilés fue el decano de la prensa nacional, el de mayor circulación y el que orientaba la política más objetiva y sensata en un tiempo difícil enmarcado por gobiernos de fuerza
Mario Fulvio [email protected]
Todas las tardes al llegar a La Noticia despertaba mi curiosidad aquel sujeto moreno de pelo negro ondulado al que le decían “Chilo”, que con diaria devoción y mano siniestra tallaba en un taco de madera las figuras de “Panchito Managua” y de su inefable compañera “La Rana”.
Nunca pude averiguar si era “Chilo” el que preparaba los tales ladrillos de madera o si algún carpintero o ebanista se los entregaba bajo encargo, sólo recuerdo que tenían una superficie de tres por cuatro pulgadas y que el grosor del mismo era el equivalente a la altura del cuerpo de una letra de caja tipográfica.
Sobre la superficie pulida del “taco”, “Chilo” trazaba con lápiz las figuras de sus dos personajes y luego con diminutos formones calcaba las líneas del dibujo, de esa manera al imprimirse las figuritas aparecían en blanco sobre un fondo permanentemente negro.
NACIO EN 1904
“Chilo” era el seudónimo de don Salomón Barahona López, managua autóctono, nacido el 21 de diciembre de 1904, creador y fundador de la caricatura diaria nicaragüense en el periódico más antiguo de ese tiempo, La Noticia -fundada el 1 de julio de 1915-, que dirigía un señor alto, espigado, de lentes gruesos y de rostro chupado llamado Juan Ramón Avilés.
LOS PERIODISTAS DE LA NOTICIA
Estaba situada La Noticia en el mismo local en que estaba la Imprenta Editorial Atlántida de don Horacio E. Pérez, esto es, de la esquina sureste del Mercado Central 80 varas al sur, a mano derecha. La Redacción del diario era una habitación de dos puertas a la calle, si mal no recuerdo había en el pequeño local cuatro escritorios grandes y uno pequeño, todos provistos de máquinas de escribir, los primeros eran ocupados por el director, el jefe de redacción -en ese tiempo don César Vivas-, y los periodistas Francisco Obando Somarriba y Francisco Gurdián. En el escritorio chico escribía, en una maquinita Remigton, don Francisco Espinoza, padre del que esto escribe.
Otros periodistas de La Noticia de los años cuarenta eran don Alberto Medina, Ernesto Bunge (Mister Hit) y Ramiro Calero “Calerón”, como fotógrafo actuaba el gordo David Molina y posteriormente Róger Mejía “La Guachinanga” y Rubén Octavio Díaz.
LA NOTICIA, PUNTO DE CONVERGENCIA
La ubicación ventajosa de La Noticia, casi a la orilla de los dos mercados principales de Managua, la convertía en un punto de convergencia de los comerciantes y las llamadas “mercaderas” que acudían al local –de permanentes puertas abiertas-, a exponer una gran diversidad de quejas, incluso pleitos personales, y a dejar animales y frutas de formas raras, como un pipián con cabeza de cisne, un mango con forma de diablo, un pollito de cinco patas y así por el estilo. La Noticia explotaba estas colaboraciones y las ponía en su primera plana, recuerdo que en ocasión de aparecer en el diario un chanchito con dos cabezas y ocho patas, doña Macedonia Morales, miembro de la Asociación de la Buena Muerte de la Iglesia de Santo Domingo, decía persignándose: “¡Ave María Purísima! Estas son cosas del demonio y señales del fin del mundo”.
Por ese detalle y además por la noble defensa que el periódico hacía de las ideas liberales en contra de las arbitrariedades de Somoza, La Noticia se convirtió en el periódico de mayor circulación de Nicaragua, lugar que conservó hasta la muerte de su director que vino a determinar la decadencia y desaparición del diario.
PANCHITO, EL “MENGALO” PREGUNTÓN
Pero volvamos a “Chilo” Barahona y a sus dos creaturas, “Panchito y La Rana”.
Dos óvalos, uno grande y otro chico, bastaban para dibujar el cuerpo y la cabeza de “La Rana”, lo que se completaba con otros cuatro trazos ligeros para las extremidades superiores e inferiores. “Panchito” era un hombrecito trompudo y ojón, dibujado casi siempre de perfil y vestido con camisa mangas largas y calzones de paletones amplios, completaba su atuendo una gorra de béisbol que nunca se quitaba.
VESTIMENTA AL ESTILO OBREO DE LOS AÑOS 1930
La vestimenta de “Panchito” era la clásica del obrerito “mengalo” de la Managua de los años treinta, cuando los estamentos sociales poseían barreras infranqueables. La aristocracia se daba cita en el elegante Club Managua, los “medio pelo” en el Club Internacional, los “artesanos” en la Casa del Obrero o en clubes mutualistas, y la “charbasca” iba a bailar a “Los Balcanes”, donde “Pedro Cuchara”.
CRITICA PUNZANTE
Un breve diálogo era suficiente para que aquellos dos “karicatos”, como les llamaba su creador, analizaran a fondo la realidad política del momento y defenestraran al más pintado político a través de una crítica punzante, graciosa y populachera.
El método era sencillo y perenne. “Panchito” se hacía el tonto e informaba o preguntaba sobre el suceso del día, y “La Rana” le respondía con una puntada crítica o con un chiste alusivo.
Aquellos dos personajes de ficción se convirtieron en un símbolo nacional y motivo de conversación y humor para los nicas durante los años treinta, cuarenta y cincuenta, fueron en su tiempo pro franquistas, acérrimos anticomunistas, antiperonistas, antisomocistas, antichamorristas y de alguna manera un poco proyanquistas.
También don Salomón Barahona López fue editor del “Testamento de Judas”, publicación humorística que aparecía por los días de Semana Santa, pero ese tema lo trataremos en otra ocasión mi querido Sancho.