Franklin Bordas Lowery*
Después de casi once años de haber iniciado el debate mundial acerca del etiquetado de la madera tropical para conseguir incentivos con miras a la ordenación sostenible de los bosques, la estructura de la oferta y la demanda nos indica que el comercio de la madera certificada ha pasado de tener una importancia marginal, a ser un elemento fundamental en la negociación de contratos en el comercio mundial de la madera, en que se involucran países desarrollados de fuerte cultura ecologista. El debate internacional ha centrado su punto de partida en la sugerencia de utilizar el “poder del mercado” para conseguir estos incentivos.
Nicaragua hoy día se apresta a participar en esta extraordinaria campaña mundial por la certificación, preocupados al igual que los países industrializados por el futuro de los bosques tropicales, concentrando su atención en aspectos como la deforestación, la conservación de la diversidad biológica y los derechos de las poblaciones indígenas.
Pero veamos, ¿que es la certificación de la madera ? La certificación de la madera según H. G. Baharuddin, consultor forestal de Kuala Lumpur, es un proceso que da lugar a una declaración escrita (un certificado), que acredita el origen de la madera sin elaborar y su situación y/o sus características, en muchos casos previa validación de un tercero independiente. Este certificado tiene por objeto que quienes lo adoptan puedan contrastar sus prácticas de ordenación forestal, con las normas estipuladas y demostrar su cumplimiento.
La certificación de la sostenibilidad de la ordenación forestal y la certificación de los productos son los dos elementos fundamentales del proceso certificador. La certificación de la ordenación forestal tiene que ver con el inventario forestal, la planificación de la ordenación, el aprovechamiento, la construcción de carreteras, y las repercusiones ecológicas, económicas y sociales de la actividad forestal. Para la certificación de productos se hace un seguimiento de la madera en rollo y de los productos madereros a través de las distintas fases del proceso de suministro (cadena de custodia).
Los comerciantes de la madera y productos derivados encuentran en la certificación una ventajosa posición para incrementar sus utilidades. Sin embargo, el punto principal de ésta no tiene sólo enfoque de negocio. Desde una visión ecológica y social su esencia radica en establecer un vínculo solidario entre el consumidor y el productor, a quien el mercado le retribuye su responsabilidad en el orden y manejo de sus bosques con precios mejorados por sus productos. Desde la óptica de la certificación como negocio lucrativo, deben desarrollarse programas de evaluación donde se revise la veracidad y la autenticidad de las afirmaciones tanto del productor como del industrial para no poner en riesgo mercados estables cuya relación tiene como base la confianza y la solidaridad.
Hay quienes hablan de un proteccionismo enmascarado de carácter ecológico (J.P.Kiekens, Profesor de Economía de la Universidad Libre de Bruselas), lo cierto es que la certificación de la madera además de tener la atención permanente de organismos como FAO, la Comisión de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas –CDS-, la organización Internacional de Maderas Tropicales –OIMT-, la Unión Europea y otros, servirá para restringir en gran medida el desorden en el aprovechamiento forestal y la inminente ruina de nuestros bosques naturales.
En nuestro país empresas como PRADA y Plywood de Nicaragua, aunque temprano, ya han informado de su interés en lograr su certificación como industria ecológica y otras empresas importantes del sector también se preparan, lo que es un reto para la actividad forestal nicaragüense. Sin embargo, a la par de que los dueños de bosque, productores e industriales del sector forestal se motivan, se hace necesario impulsar acciones de promoción y divulgación de estas iniciativas en el plano internacional.
Nicaragua ha sido conocido de siempre en los mercados internacionales como un país con un bosque abierto a quien invierta, y esto nos ha causado perjuicios, no creo que sea malo esto hoy si le agregamos el requisito de “abierto” para quien realmente esté interesado en la sostenibilidad y la certificación.
A la par de la suspensión de la moratoria forestal hacia las especies preciosas y vigencia del decreto 75-99 es vital garantizar la supervisión de los planes de manejo efectivos en aras de evitar la extinción de tales especies. Actualmente el Gobierno de Nicaragua a través del Mag-For, con el apoyo del banco mundial y la ONG Nicambiental, lleva adelante un proceso para oficializar ante el FSC (Forest Stewardship Council) los criterios e indicadores nacionales que permitan a Nicaragua convertirse en el cuarto país de Latinoamérica en contar con sus propios estándares para la certificación voluntaria.
El avance en la certificación es de impostergable necesidad, ya que según expertos del mercado de productos forestales, dentro de tres años ya no incursionarán productos tanto de primera o de segunda transformación a los mercados internacionales sin llevar el sello verde.
*Especialista de promoción de Inversiones Forestales-Proyecto Forestal.