Me cuesta mucho aceptar
una verdad,
me cuesta mucho acertar
que debo dejarte en libertad.
No admito vivir sin ti,
me duele verte lejos de mí,
no admito saber que te perdí
y guardar solamente recuerdos de ti.
No poder, más ya, escuchar tu voz,
no saber qué es de tu vida,
no poder sentir el calor de tu cuerpo,
no besar más tus labios.
Que mis manos no te vuelvan a acariciar,
que mi cuerpo ya no esté junto al tuyo,
que mi risa se haya ido por tu culpa,
que la alegría ya no vuelva a mi vida.
Que mis ánimos hayan desaparecido,
que el llanto venga a mí todos los días,
que el hambre me haya abandonado,
que mis palabras, ahora, sean pocas.
Que en mi memoria se haya quedado tu imagen
que un eco en mí pronuncie tu nombre
que me maten las ganas de verte, y
que me obligue la consciencia a olvidarte para siempre.