Hombre solo, hombre triste

Por el sendero tortuoso del silencio amenazante,va caminando un viajante con su mente enfebrecida,su caminar zigzagueante,su corazón oprimido,su mirada enloquecida por el dolor impactantede estar solo en esta vidasin valor y sin cariño;de mirar por todas partes, sin encontrar un amigo. Va avanzando en la noche, noche eterna, noche fríacon su manto de tinieblas que […]

Por el sendero tortuoso del silencio amenazante,
va caminando un viajante con su mente enfebrecida,
su caminar zigzagueante,
su corazón oprimido,
su mirada enloquecida por el dolor impactante
de estar solo en esta vida
sin valor y sin cariño;
de mirar por todas partes, sin encontrar un amigo.

Va avanzando en la noche, noche eterna, noche fría
con su manto de tinieblas que obscurece aún sus días,
días y noches iguales, vida y muerte habitando
en aquel cuerpo temblando
de soledad y hastío.

Como fantasma penando en aquel mundo desierto
va recorriendo el espacio, recorriendo aquel misterio;
que le encadena a su suerte como presagio y destino
de una vida sin ventura,
de un final triste e incierto que rebosa de amargura,
convirtiendo en aventura aquel proyecto de vida,
encarnado en la criatura
que sin pedir la existencia, condenada en ausencia.

¿Qué delito has cometido?
Hombre solo, hombre triste
que de ti nadie se apiada, ni en la vida tienes nada,
te quedaste abandonado desde siempre y para siempre;
sin nacer ya estabas muerto, sentenciado en tu destino,
a llorar desde muy niño recorriendo aquel camino
que florecido de espinas
te llamaba a penitencia
para gozar de la vida, vida después de tu ausencia
que como regalo del hombre… ¡era regalo de muerte!

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