AP, EFE, AFP
CRISTCHURCH, NUEVA ZELANDA Y MOSCU.- La estación espacial rusa Mir finalizó el viernes una aventura de 15 años, al convertirse en una lluvia de fuego cuando entró en la atmósfera y se precipitó al Pacífico Sur.
Funcionarios rusos y australianos dijeron que el derribo de la vieja estación fue concluido a la perfección. Los restos cayeron a cientos de kilómetros de cualquier zona habitada.
Una exhibición de luz, color, velocidad y exactitud matemática, cruzó al atardecer el cielo de las islas Fiji, cuyos habitantes observaron el acontecimiento desde una posición privilegiada.
“BOLAS DE FUEGO”
“La gente quedó extasiada. Es un espectáculo increíble”, dijo el corresponsal de la cadena CNN, Hugh Williams, en Nadi, islas Fiji. “La luz del cielo era fenomenal”, agregó.
Los habitantes de estas islas que asistieron al fin de la Mir describieron sus fragmentos como grandes bolas de fuego de color naranja amarillento que cruzaron el cielo a gran velocidad y altitud, y dejaron una cola de humo que duró apenas unos minutos.
Pero el verdadero regalo para todos fue el anuncio de que las 20 toneladas de fragmentos incandescentes que se desprendieron del cuerpo de la Mir al entrar en la atmósfera terrestre, cayeron también en el mar y dentro de la zona fijada entre Nueva Zelanda y Chile.
“Ni un solo pedazo cayó en tierra firme”, confirmó un funcionario del Servicio de Emergencia Australiano, y alejó así todos los temores y el recuerdo de la Skylab, la estación espacial estadounidense que volvió a la Tierra en 1979 y cuyos fragmentos alcanzaron las costas del nordeste de Australia, aunque no causaron daños importantes.
Un comunicado del Centro de Control de Vuelos de Koroliov, en las afueras de la capital rusa, dijo lacónicamente que la Mir “ha dejado de existir”.
El certificado de defunción se plasmó en una leyenda que apareció en la pantalla gigante del Centro de Control: “OK MIR”. Debajo, y a modo de inscripción en una lápida funeraria, relucían las fechas de nacimiento y muerte: “Lanzamiento, 20-02-86; caída, 23-03-01”.
Fue el final de la más espectacular aventura espacial tras la llegada del hombre a la Luna en 1969. La legendaria estación vivió una titánica odisea espacial de quince años, un mes, tres días, ocho horas, 28 minutos y trece segundos.
El mayor triunfo en la historia de la ciencia rusa fue testigo en el cielo de la caída del muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría, el colapso de la URSS y la transición entre dos siglos y milenios.
Pero su afán de supervivencia, que superó a trompicones más de 3,000 fallos, algunos de ellos graves, se rindió más que a la vejez a la inanición por la endémica escasez presupuestaria.
JUBILO EN MOSCU
“La estación orbital Mir ha culminado su vuelo triunfal”, declaró enaltecido un portavoz de la Agencia Aeroespacial de Rusia.
Yuri Semiónov, diseñador del gigantesco laboratorio de más de 137 toneladas, el mayor complejo jamás puesto en órbita, dijo que la caída “ha sido un éxito” de precisión, aunque reconoció que en los últimos minutos “hubo problemas, que fueron resueltos”.
El director de la Agencia Aeroespacial de Rusia, Yuri Kóptiev, agradeció a sus subordinados la operación “modélica”, sin “un solo paso ni un solo milímetro” de desviación.
“Terminamos un proyecto formidable y lo terminamos dignamente. Es un ejemplo de que Rusia fue y aún es una gran potencia espacial”, dijo el director de la Agencia Espacial Rusa. “El mundo se ha convencido hoy de que Rusia no sólo sabe construir ingenios espaciales, sino también de la capacidad de dirigirlos y calcular su balística”.
Kóptiev no descartó la construcción de otra estación orbital cuando Rusia tenga los medios financieros para ello.
HISTORIA DE LA MIR
La estación orbital Mir se convirtió en el mayor éxito de la ciencia rusa y fue pionera de la colonización del espacio por el hombre.
Pese a los escasos recursos la Mir hizo historia y sirvió entre otras cosas para allanar el camino a la Estación Espacial Internacional, en construcción desde 1998 y actualmente tripulada por dos rusos y una norteamericana.
El 20 de febrero de 1986, a las 00:28:23 segundos hora de Moscú (21:28:23 GMT del 19), un cohete portador Protón-K lanzado desde el cosmódromo de Baikonur, ahora Kazajstán, puso en órbita el primer bloque de 20 toneladas de la Mir.
El lanzamiento tuvo muchos defectos, pero no se pudo aplazar porque debía ser uno de los acontecimientos clave para conmemorar la inauguración del XXVII Congreso del Partido Comunista de la URSS (PCUS), que abrió la puerta de la “perestroika”.
Ese congreso tenía que haberse inaugurado con el estreno del transbordador Burán, copia exacta del “shuttle” estadounidense, pero los expertos se rindieron ante los problemas técnicos.
El programa Mir, continuación de las estaciones Saliut, había comenzado en 1976, aunque el proyecto Burán consumía más y más recursos. Las previsiones para lanzar el primer bloque de la Mir fijaron la fecha del 16 de febrero, pero se tardaron cuatro días en reparar los fallos del sistema telemétrico de transmisión de información.
Además, el peso de los cables del bloque superaba en una tonelada lo que se había proyectado, y para que el Protón pudiera levantar el módulo hubo que descargar una serie de aparatos, que posteriormente fueron llevados a órbita en viajes sucesivos.
Según la agencia aeroespacial rusa, el coste de la Mir fue de 3,000 millones de dólares, y sus equipos científicos se valoraron en otros 1,800 millones de dólares.
EXPERIMENTOS
Con participación de 30 países, en la estación se llevaron a cabo 24 programas espaciales internacionales, y sus laboratorios probaron altas tecnologías para la creación de nuevas medicinas y materiales imposibles de obtener en la Tierra.
Gracias a las investigaciones a bordo de la Mir se fabricaron los aparatos médicos que prolongaron la supervivencia humana durante largos períodos en ingravidez, dentro de la lista de hitos y récords que ha ido acumulando la veterana estación espacial.
En el módulo Priroda se cosecharon cultivos espaciales, y hasta nacieron codornices, cuyo período de incubación transcurrió en su mayor parte en la Mir.
Se probó también la reproducción de 480 moscas españolas de la variedad “drosophila”, o mosca del vinagre, en una investigación del Centro Superior de Investigaciones Científicas de España.
Y experimentos más espectaculares, como el intento parcialmente fallido de desplegar un enorme “sol artificial” que iluminara la noche y calentara grandes zonas de la Tierra mediante el desvío de los rayos solares con un gigantesco espejo circular. (EFE)
RECORDS
Desde la primera tripulación en marzo de 1986, un total de 104 astronautas de doce países viajaron a la plataforma espacial, algunos hasta en cinco ocasiones.
De las 28 expediciones tripuladas a la Mir, 16 fueron de varios meses, y en una de ellas, el cosmonauta y médico Valeri Poliakov batió el récord mundial de permanencia seguida en el espacio: 438 días, la mitad del tiempo que se necesitaría para un viaje a Marte.
Otro ruso, Serguéi Avdéyev, acumuló en tres vuelos 747 días, 14 horas y 13 minutos en el cosmos, más de dos años.
Los constructores calcularon que terminarían de ensamblar la Mir en un año, pero se demoraron nueve por falta de presupuesto.
Entre los hechos curiosos, Serguei Krikaliov salió de la Tierra como ciudadano soviético y regresó a una nueva patria, la Federación de Rusia, al coincidir su vuelo con el colapso soviético.
Inicialmente diseñada para funcionar durante cinco años, el mayor triunfo de la Mir fue triplicar su vida útil.
Los astronautas realizaron 75 paseos espaciales, algunos de ellos con maniobras no exentas de riesgo, en las que acumularon 15 días de permanencia en el espacio exterior.
La existencia de la Mir sufrió su gran prueba de fuego el verano de 1997, cuando la nave de carga Progress TM-34 chocó contra el módulo Spektr en la maniobra de acoplamiento.
Esta primera “colisión espacial” tuvo efectos irreparables, pues el módulo afectado quedó inutilizado y durante varios meses fallaron los sistemas eléctricos y de orientación y el ordenador central.