Deseo compartir mi experiencia como parte de un equipo interdisciplinario médico-psicológico que prestó sus servicios voluntarios a nuestros hermanos salvadoreños en los pasados dos terremotos.
Partimos el día 20 de enero 3 médicos, 3 psicólogas, 2 sociólogas y 2 logísticos. Llevamos donación de víveres, medicinas y vehículos para el trabajo de campo incluyendo una ambulancia.
Lo primero que hicimos fue atender a las personas en el refugio, después nos dividimos en dos grupos, uno atendería Oriente y el otro Occidente. Este último estuvo a cargo del doctor Juan Ramírez (médico) de la Iglesia Luterana de Nicaragua, y las Licenciadas Marling Duarte y Violeta Munguía de CIEETS. Trabajaron arduamente en más de 7 comunidades, entre ellas Tacuba y San Vicente, atendiendo a 1200 personas damnificadas.
En Oriente el equipo estaba compuesto por el Dr. Jairo Vanegas, Dr. Nelson Guillén y Sr. Gustavo Rodríguez por AMC; Dra. Josefina Murillo, Licda. Fosca Ibarra y Licda. Juanita Vásquez del Grupo PAE. Nos correspondió atender Usulután. El trabajo médico fue agotador, pero el psicólogo fue enriquecedor porque las personas damnificadas apreciaban nuestra labor, es decir, la palabra amiga, la dígitopuntura aplicada en esos cuerpos adoloridos por el dolor, la frustración y sobre todo el escucharles con atención su tragedia. Los niños que con su inocencia dibujaban su casita o su escuela siniestrada, pero para ellos era importante dibujarla.
En Sta. Elena, ciudad destruida en su totalidad, los ancianitos/as me abrazaban y no querían aceptar la desgracia, dicen que si han sobrevivido una guerra, porqué la naturaleza les ataca de esa manera. En Mogote, cuando hicimos ejercicios corporales así como levantar los pies y las pantorrillas, los ancianos empezaron a bailar y terminamos todo en una sola bailadera. concluímos esta primera etapa el día 3 de febero, atendiendo en total 1,800 personas en mas de 18 comunidades.
En el segundo terremoto 13 de febrero del corriente, el trabajo fue diferente, las casas que habían quedado en pie ahora estaban en el suelo. Las personas estaban desesperadas, a veces pasivas, indiferentes y por último les daba lo mismo sentir un temblor y salir en carrera que quedarse en el mismo lugar.
Estuvimos laborando con los damnificados sin horario y durmiendo en el suelo al igual que ellos en alguna ocasión, así como comer de vez en cuando, sin embargo, la satisfacción de saber que se es útil a los demás da fuerzas para seguir adelante. Nos regresamos el día 28 de febrero. Tanto el Dr. Ramírez, mi persona, Ninoska como don Félix Requena, todavía sentimos temblores donde estamos sentados, a pesar que estamos en Nicaragua. Damos nuestro sincero agradecimiento a la Reverenda Victoria Cortez por hacer posible el viaje, así como la atención especial que nos brindó el señor Cónsul de El Salvador, Licenciado Tomás Villanova.
Dra. Josefina Murillo
Directora Grupo PAE