René “El Chelito” Cárdenas/Especial para LA [email protected]
HOUSTON.- El béisbol perdió a un amigo. Yo perdí a mi viejo compañero de cuarto. Era el año de 1959 en Vero Beach, Florida, y los “Maletas” entrenaban en una ex base naval que Walter O’Malley compró al gobierno y convirtió en Dodgertown.
Los edificios eran de madera, los cuartos no tenían agua caliente y las cucarachas eran gigantes y abundantes, pero más de doscientos peloteros se congregaban para representar el más poderoso sistema de ligas menores que el béisbol ha visto.
En 1958 los Dodgers habían hecho su traslado de Brooklyn a Los Angeles, y el visionario O’Malley tiraba la casa por la ventana para atender a los periodistas de todo el sur de California.
Phil Collier era un joven cronista del periódico San Diego Union, y a pesar de no ser del área de Los Angeles, fue invitado para cubrir el entrenamiento del equipo azul.
Como eran muchos los invitados y pocos los cuartos disponibles en las barracas, O’Malley optó por colocar a dos personas por cuarto. Phil Collier y yo fuimos compañeros de cuarto esa temporada, año de oro, porque los Dodgers ganaron su primera Serie Mundial en el Oeste. Como se recuerda, los Medias Blancas fueron las víctimas.
Hicimos una tremenda amistad, y como fuimos compañeros de cuarto, nunca nos llamamos por nuestros nombres; para mí, él era mi “roomie” y para él, yo era su “roomie”. Esta amistad perduró en las Ligas Mayores hasta su muerte, acaecida recientemente a los 75 años de edad, después de ser abatido por cáncer.
Le decían el “Fantasma” por sus súbitas apariciones en donde menos se esperaba. Fue el primero en dar a conocer la retirada de Sandy Koufax, y también fue uno de los responsables para que San Diego obtuviera su franquicia.
Durante los últimos diez años comenzó una especie de semi retiro al eliminar sus viajes con el equipo de los Padres, y usualmente nos veíamos en el palco de prensa del “Jack Murphy Stadium” donde actuaba como anotador oficial de los Padres.
A pesar de la enfermedad que lo agobiaba duramente, nunca perdió el sentido del humor que le caracterizaba como uno de los cronistas más coloridos del béisbol y también uno de sus más acuciosos.
Durante la segunda guerra mundial Phil prestó servicio como encargado de una “bazooka” en una compañía antitanque de la División 76, perteneciente al Tercer Ejercito que comandaba el intrépido general norteamericano George S. Patton. Según entiendo, todos los hombres que combatieron al mando de Patton eran hombres muy hombres, como Phil Collier.
Collier fue introducido a la sección de cronistas deportivos del Salón de la Fama en 1990. Comenzó a cubrir a los Dodgers después que estos llegaron a Los Angeles en 1958, y su responsabilidad se extendió a cubrir las actividades de los Angelitos en 1961.
Cuando la Liga Nacional otorgó la franquicia a San Diego en 1962, Phil cubrió a los Padres hasta el día de su fallecimiento.