Doña Celina Hernández.

“Ese es mi muchacho”, dice doña Celina

En la “Plaza de los Cabros” más de mil personas compartieron la alegría materna Francisco Jarquín Soto/Especial para LA [email protected] El silencio casi sepulcral que se mantuvo a lo largo de los doce asaltos, se rompió con un grito de júbilo. “Ese es mi muchacho”, dijo orgullosa doña Celina Hernández, madre de Rosendo Alvarez, en […]

  • En la “Plaza de los Cabros” más de mil personas compartieron la alegría materna

Francisco Jarquín Soto/Especial para LA [email protected]

El silencio casi sepulcral que se mantuvo a lo largo de los doce asaltos, se rompió con un grito de júbilo. “Ese es mi muchacho”, dijo orgullosa doña Celina Hernández, madre de Rosendo Alvarez, en su casa de habitación. A su orgullo materno, minutos después, se unieron vecinos del municipio de Ciudad Sandino, quienes siguieron de cerca la pelea, reunidos en la “Plaza de los Cabros”.

“Yo sabía, lo dije, que a mi muchacho no le ganaba nadie”, repetía insistentemente después del resultado, celebrando su fe inquebrantable en el “Búfalo”, quien le aseguró antes de partir hacia Las Vegas, que le traería a cualquier costo la corona de la categoría Minimosca de la AMB, promesa que cumplió anoche Rosendo.

Cada asalto se convirtió para doña Celina en una tortura. Sin ni siquiera parpadear, no dejaba de ver el televisor un solo instante, por temor quizás a perderse el momento culminante de la pelea. Sentada en silla abuelita, moviendo calladamente sus labios, ella oraba sin parar y con voz bajita, por su niño mimado.

En esta ocasión no pasó arrodillada en toda la pelea, como ocurrió cuando Rosendo peleó con Channa Porpain por el título de las 105 libras, pero sí fue la primera en colocar su silla delante de todos los de la casa y vestida como para recibir a un invitado especial, comenzó a ver la pelea, sin importarle nada más que la pantalla.

El fallo dio a Rosendo Alvarez como campeón de las 108 libras de la Asociación Mundial de Boxeo; la paz y la sonrisa, volvieron al rostro de doña Celina, quien minutos después salió a compartir con sus vecinos el júbilo que la inundaba.

“Dios me le prometió tres coronas, y sólo una más le falta”, decía, afirmando que se estaba cumpliendo una profecía que una “hermana” –como dicen los evangélicos- le había dicho a Rosendo Alvarez, si seguía en los caminos de Dios.

Mientras la alegría y el orgullo eran notorios en la casa de doña Celina, en la “Plaza de los Cabros” más de mil personas se dieron cita para compartir en dos pantallas grandes cada momento de la pelea. Mujeres, niños y hombres siguieron de cerca la pelea de doce rounds, para disfrutar el triunfo del “Búfalo”.  

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