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Ever José Machado Dávila (13) después de estar secuestrado cuatro largos años, a la medianoche del viernes pasado entre lágrimas y risas regresó al lado de su progenitora, Agustina del Carmen Machado Dávila y ahora se regocija en sus regazos.
El presunto secuestrador es Ofilio Porfirio Hernández Aguilera (45), quien se encuentra encarcelado en el Distrito Cuatro de la Policía de Managua, donde negó todos los cargos y aseguró que “fue idea del chavalo irse conmigo, diciéndome que su mamá mucho le pegaba y que tomaba mucho licor”.
La denuncia de la desaparición del menor fue hecha el 4 de abril de 1997, cuando Ever tenía nueve años de edad y vendía tomates en los alrededores del Mercado Oriental.
El jefe de Investigaciones Criminales de la División 4, capitán Ramón Morales, dijo que el menor fue encontrado por la Policía el 19 de febrero, ese día también fue capturado Hernández Aguilera.
MENOR RELATA CALVARIO
Ever, quien en agosto cumple sus 14 años, tiene el cuerpo de un niño de 11, debido a la desnutrición crónica sufrida en los últimos cuatro años. Relató que Hernández Aguilera lo obligaba a realizar trabajos forzados y le decía que su mamá había muerto durante el huracán Mitch.
“Primero me dijo que iba a regalarme mucha ropa nueva si me iba con él, pero en su finca me obligaba a cargar hasta dos cabezas de guineo. Me golpeaba con un mecate y me ponía en los hombros pesadas cargas de leña que tenía que llevar hasta cuatro kilómetros de distancia”, afirmó.
Destacó que con él estaba otro menor de nombre Marlon, originario del sector de La Dalia, a quien también le hacía lo mismo, “pero él escapó y yo detrás de él porque ya no aguantábamos el maltrato”.
ESCAPO PIDIENDO “RIDE”
Ever dijo que escapó de una finca ubicada en el sector de Pueblo Nuevo de Abisinia, a unos 60 kilómetros al noreste de Jinotega. “Le pedí ‘ride’ a un jeep que me llevó hasta la ciudad de Jinotega”.
Una vez en la ciudad, Ever sacó al fiado una caja de lustrar con la que trabajaba para comer, hasta que le dio posada un joven que le conocía y cuando llegó a pedir un pedazo de candela a una casa vecina, él relató su historia.
En la casa estaba un policía de la División 4, quien hizo las averiguaciones y dio con el paradero de la madre del menor.
CUATRO AÑOS DE ANGUSTIAS Y PENAS
Agustina del Carmen Machado Dávila (37), madre de Ever, expresó: “Nunca perdí las esperanzas de ver a mi hijo con vida, pero me estaba volviendo loca de la angustia de no verlo. Muchas veces me bajé corriendo de las rutas para seguir a algún chavalo que se parecía a Ever”.
Agregó que “tenía miedo de que me lo hubieran matado para vender sus órganos como ha pasado en otros casos. Todos los días salía a buscarlo, a veces amanecía en los mercados a la orilla de los chavalos huelepega pensando que uno de ellos podía ser mi hijo”.