Edgard Tijerino M. [email protected]
Al final de cada una de estas Series, hay un momento en que las sombras se vuelven enormes, y justo antes que el sol se oculte, los recuerdos se nos vienen encima amenazando con aplastarnos… Aquí está un rápido Tour por cada uno de los seis juegos que nos emocionaron, nos enviaron hacia candentes discusiones y nos obligaron a ovacionar ese resurgir de los Leones asestando cuatro zarpazos consecutivos… Ciertamente como dijo Davis Hodgson antes del tercer juego: “No se equivoquen. Estamos sangrando pero no muertos”.
LO SIENTO DIEGO
El 3-0 a favor de los Leones con Diego Sandino en la trinchera, tenía el peso de una lápida en el primer juego. Fallando en un tiro y un fildeo, el pitcher Rodríguez cometió dos errores en el cuarto inning. Qué amargura amigos: una base por bolas con casa llena y dos batazos lo necesariamente profundos, produjeron 3 carreras… Cuando los Indios fueron a batear en el cierre del sexto, parecían tan amortajados como el Conde Drácula, pero, de pronto, Sandino se vio envuelto en un torbellino antes de ser retirado. Nemesio empujó la primera carrera con un roletazo y hit de Sandy en el séptimo, acortó la distancia. En el octavo, una arremetida de tres carreras contra los relevistas Alvaro López y Daniel Miranda, coronada por un hit de Chico Hernández, hizo girar el mundo al revés para los rugidores, y los Indios, haciendo vibrar furiosamente tribunas y televisores, se alzaron con un triunfo de 5 por 3, asegurado por Gonzalo López.
APRETANDO TUERCAS
En León, con algunas butacas vacías, Róger Deago intransitable y Jairo Pineda resolviendo complicaciones como si fuera Pitágoras explicando su teorema, mantuvieron durante ocho entradas un 0-0 revestido de angustia… En el noveno, un hit del emergente Omar Herrera, impulsó a Nemesio desde segunda. La multitud se sintió emocionalmente atropellada por ese aterrizaje forzoso y el Bóer se colocó a tres outs de la victoria materializando su segunda posibilidad del juego… Vino el cierre que pareció escrito por Stephen King. Base a Sotelo, y Omar se llevó a Pineda entregándole la píldora a Tapia. ¡Oh, no!… Sotelo robó segunda y Pestana conectó hit dentro del cuadro. Hombres en las esquinas sin out. ¿Qué les parece?… Omar ordenó el ingreso de Gonzalo López, y el brazo derecho por el que los Bravos pagaron 750 mil dólares, respondió. Guido murió en elevado dentro del cuadro, y con la legión de boeristas cruzando los dedos, Yasmir García bateó para doble play. Ahora el Bóer estaba en ventaja 2-0.
DESEQUILIBRIO IMPREVISTO
Con cuatro victorias sobre los Leones, Nelson Saldaña se veía confiado antes del tercer duelo, pero no tuvo tiempo de montar en su caballo, con una carrera en el primero y dos en el tercero, los Leones lo explotaron y el relevo de Amador, en ese cuarto inning de cinco carreras, fue próximo a lo catastrófico… Por su parte, el zurdo Asdrudes Flores, con un pitcheo astuto y cerebral, sólo había sido sacudido por el jonrón de Freddy en el cuarto, pero en el séptimo, un operativo de dos carreras lo sacó del escenario entrando Alvaro López… Aunque Roa continuó sumergido en un slump, nadie se enteró. López disparó tres hits y León triunfó 11 por 3 propinando una imprevista paliza… Saliendo del parque, ninguno de los casi 20 mil aficionados, llegó a sospechar que ese era el inicio del derrumbe.
DESPIERTA HENRY
Sandino contra Franklin Rodríguez nuevamente y la garantía del retorno de los ceros en el cuarto juego. Hay mucha tensión porque el Bóer trata de evitar el empate, pero en el cuarto episodio, uno de los tres hits de Henry Roa, trae al plato a Danilo Sotelo para el 1-0, y sobre esa ventaja, cabalga Sandino hacia la victoria… En el séptimo con todos de uñas en las tribunas y las bases llenas sin out, Sandino colgó un cero merecedor de estar en una de las paredes del Palacio de Versalles… En el noveno, con hombre en segunda y un out, recibió la ayuda de Deago, quien dominó a Nemesio y después de prudente base a Henry, liquidó a Marlon Abea… Con la victoria de 1 por 0, la Serie se niveló 2-2 y quedó envuelta en una gigantesca intriga.
LA ESTOCADA DE EDGARD
Estábamos de regreso en Managua y Jairo Pineda aseguraba sentirse como Allie Reynolds o Lew Burdette, listo para estrangular a los Leones. El zurdo Róger Deago se proyectaba como la gran amenaza para los Indios después de la estupenda faena del segundo juego… Ante la sorpresa de todos, Pineda se descarriló en el propio primer inning, en el cual los Leones tomaron ventaja de 1-0, pero dejaron las bases llenas… El Bóer empató en el cierre con tres cohetes, incluyendo un doble de Abea, y el estadio se tambaleó dramáticamente… Ese jonrón de Edgard López a las tribunas del left fielder en el segundo inning, con Yasmir García en las bases, adelantó definitivamente a los rugidores y fortaleció a Deago… León agregó otra carrera en el tercero aprovechando un error de Santiago Henry, y los Indios, manejados como marionetas por los pitcheos del zurdo canalero, sólo tuvieron aliento para otra carrera en el séptimo impulsada por Freddy… En un momento de singular importancia, con Abea en segunda y un out, Deago ponchó a Agnoly y dominó a Jairo Mendoza, asegurando la victoria 4 por 2… ¿Cómo escapar al zarpazo mortal en León? Esa era la terrible preocupación de los Indios.
ASDRUDES OTRA VEZ
Ahí estaba Asdrudes, el veterano de mil batallas con su brazo lleno de trucos, listo para la faena en el sexto juego, pero Franklin Rodríguez se mostró también fuerte y hábil en los primeros innings… De nuevo, bienvenido al escenario Su Majestad el pitcheo… En el cuarto, un hit de Leytón envió al plato a Earl Agnoly y el Bóer tomó ventaja… En el sexto, Davis Hodgson metió el Caballo de Troya en el campamento indio, y de su vientre salió Pestana con un hit empujador, previo a un golpe con bases llenas a Guido, que colocó a los Indios camino del cementerio… Cohetes productores de Burguillos en el séptimo y del humeante Edgard López en el octavo, sellaron una victoria de 4 por 1, mientras la ciudad estallaba y la locura se extendía por las tribunas… Espectacular resurgimiento con cuatro victorias consecutivas. Cuestión de agallas, diría el Emperador César.