¡Qué clase de Final!

Edgard Rodriguez C. [email protected] Hemos sido testigos de una de las Finales de mayor significado histórico. Y no sólo porque se trata de la primera del milenio, sino porque vimos cómo un equipo se levantó del piso a meter cuatro juegos corridos y a un manager salir de una camiseta y ponerse otra, y de […]

Edgard Rodriguez C. [email protected]

Hemos sido testigos de una de las Finales de mayor significado histórico.

Y no sólo porque se trata de la primera del milenio, sino porque vimos cómo un equipo se levantó del piso a meter cuatro juegos corridos y a un manager salir de una camiseta y ponerse otra, y de igual forma ser campeón.

Pero además fue una Final que provocó todo tipo de emociones, desde el júbilo hasta el desespero, mientras deleitaba a la clientela con jugadas de filigrana, joyas monticulares y cañonazos enfurecidos en batallas sin cuartel.

El Bóer se lanzó al ataque, pero León mantuvo la serenidad y contestó con un pitcheo brillante y una defensa exacta, mientras pasaba al contragolpe ante la excitación de sus seguidores, que aunque menos, resultaron los mejores.

Fue llamativo el esfuerzo de Davis Hodgson por revertir el estado emocional de una tropa golpeada al inicio, pero que supo reaccionar. El timonel hizo una gran labor, que debe ser apreciada más allá del propio resultado.

Omar Cisneros estuvo en la otra acera y aunque hasta podría quedar sin trabajo, si su labor se juzga aprisa, hizo lo que estaba a su alcance. Omar es inocente de la pérdida del campeonato. A él no le toca batear. Sólo hace el line up.

Nunca creí al Bóer un súper equipo, aunque me pareció lo suficientemente talentoso como para ser campeón, incluso sobre los Leones y ese magistral pitcheo que poseen.

Sin embargo, tenía muchas carencias y ahora se reflejaron.

El mayor problema del Bóer, en mi opinión, estuvo en su carácter. Era muy fluctuante.

A ratos parecían capaces del gesto más heroico por su equipo y luego tornarse un grupo de jóvenes desapegados totalmente a su profesión. Eso sí, no todos.

Además a menudo se sobreestimaron y nunca entendieron la necesidad del juego de conjunto. Podían batear un jonrón, pero no gustaban de tocar la bola, ni conectaban la rola por la derecha para avanzar los corredores.

Es más, el mejor equipo no es el que reúne los mejores nombres, sino el que dispone del sentido de colectividad aún con limitaciones, o ¿usted cree que la batería de los Leones compite con la del Bóer?, o ¿el pitcheo del Bóer no era capaz de fajarse con los felinos?

Sin embargo, en León existió más claridad de su potencial, lo que aderezado con el carácter que identifica a ese club, resultó suficiente para el título.  

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