Harry Rivera trabaja tiempo completo para Dios en un grupo católico.

Harry volvió a nacer con ayuda de Dios

Ni su madre escapó a sus golpes y su abuelo le tenía miedo Alcohol, drogas y “amigos” convirtieron su vida en un infierno Rosario Mendoza Corea [email protected] Muchas cosas que voy a decir aquí, son desconocidas. Mi vida fue un desastre desde los 14 años cuando tomé mi primer trago de licor, me fue atrapando […]

  • Ni su madre escapó a sus golpes y su abuelo le tenía miedo
  • Alcohol, drogas y “amigos” convirtieron su vida en un infierno

Rosario Mendoza Corea [email protected]

Muchas cosas que voy a decir aquí, son desconocidas. Mi vida fue un desastre desde los 14 años cuando tomé mi primer trago de licor, me fue atrapando tanto que perdí la cabeza hasta golpear al ser más querido: mi madre.

Harry Rivera, 26 años, confiesa haber vivido toda una vida de dolor, miseria humana que lo llevó a límites insospechados, todo fue deplorable, sus valores y principios que fue perdiendo cuando aceptó tomar un trago de licor dejándose arrastrar por amigos, todo por querer sentirse a la altura de ellos.

Un día dije a mi primo: quiero que me llevés donde vos vas, porque siento que mi vida ha dado un giro que nunca esperé y necesito ayuda, narra el joven.

Esta petición la hizo, después de mucho andar en medio de la lacra social, conviviendo con otros jóvenes de mal vivir.

Las pandillas lo involucran a uno en cualquier tipo de problemas, dicen “dale hombre echate un trago”. Me acuerdo que mi primer trago lo tomé en mi cumpleaños y para que no se dieran cuenta en mi casa llegué tranquilo pero cuando me acosté sentí que el mundo daba vueltas, empecé a vomitar, se hizo un gran alboroto. Ingresé a un grupo de danza folclórica y así tuve mayor oportunidad de tomar, porque decía que iba a presentaciones.

Llegó un momento en que me hacía tanta falta el licor que lo compraba y pasaba bañándome y tomando bajo el grifo.

Dejé de tomar por un mes, volví a lo mismo, reincidí con mi progenitora, me agarré a golpes con un hermano, quería suicidarme, había perdido mi trabajo, habían surgido varios problemas,¡estaba harto de todo!

Mis compañeros de clase en la universidad por primera vez me invitaron a fumar marihuana y les decía que no la había probado nunca lo que les motivaba a incentivarme más: “dale un toque nada más”, titubeaba y al fin lo hice, me sentí relajado, me gustó; ya tenía otro vicio.

Abandoné tercer año de derecho porque el dinero que me daban mis hermanos lo gastaba en licor. A mi tía le robaba y hasta llegué a vender mi ropa.

Mi mamá siempre nos inculcó lo bueno pero el amiguismo me perdió, quería ser parte del grupo de los “tuanis”.

Dios me dio la mano a través de Los Misioneros de Jesús y María.

Ellos hicieron de mi vida lo que Jesucristo dice, “Yo he venido para sanar a los enfermos”, yo estaba enfermo. Hasta perdí una novia con quien me iba a casar, nunca supo que estaba en pandillas y que me tatuaba.

Recuperé la confianza de las personas, mi madre me perdonó. Debo pedir perdón a otros.

Hoy no tengo trabajo, ni estoy en la universidad, pero gané el respeto de la sociedad. Es un regalo de Dios, dice y afirma que “quizás estuviera en la cárcel o muerto, si no hubiera encontrado a Dios.

MENSAJE A JOVENES

“Hay una respuesta cuando uno realmente se deja tocar por la mano de Dios. Hay momentos en que nos sentimos solos pero es cuando más el Señor está con uno y así como yo encontré la solución, también la van a encontrar ustedes. Los amigos nos influencian a hacer cosas que poco a poco van gustando, hasta que llega a extremos insospechados. Ahora estoy haciendo sólo lo que Dios quiere que haga”.

De fiesta en fiesta

“Cuando yo estaba en el instituto tenía unos 16 años, llegaba gente de Los Dragones, Los Vega, Los Pisinga. Conocí a miembros de las tres pandillas y me hice amigo sin saber sus rivalidades. Un día, uno me invitó a una fiesta, me presentó a los “cuates”, así comencé, de fiesta en fiesta, haciendo lo que queríamos, llegaba tarde a casa, decía a mi madre que andaba estudiando, tenía problemas emocionales, descontrol en mis clases, hubo momentos en que el instituto me quiso correr porque yo armaba pleitos, amenazaba y llevaba a las pandillas.

Ya no entraba a clases, me iba a otros lados y cuando se armaban pleitos en el barrio y en los alrededores del Ramírez Goyena, ahí estaba”.  

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