Edgard Rodríguez [email protected]
Siempre he sido un poco alérgico a esa funesta costumbre que solemos tener aquí, de extraer cada día conclusiones de validez universal. Un buen desempeño te sitúa en la cima de las consideraciones. Un tropiezo te lanza a los desechos.
Frente al impulso de analizar las cosas desde la perspectiva más corta, nunca está de más tomar cierta distancia y poner las cosas en su contexto… Sin embargo el análisis coyuntural se ha vuelto una obligación en la actual circunstancia.
Cuando el Bóer se situó adelante 2-0 y los Leones se mostraron inútiles para producir, fue lógico considerar que los capitalinos tenían la sartén por el mango, aunque no se pensó necesariamente en una potencial barrida de los capitalinos.
Pero como hemos dicho, a la Final, que es una serie corta, hay que examinarla juego a juego. De ahí que se perciba ventaja para los Leones, aún cuando la serie nos muestre un empate a dos, luego de los cuatro primero desafíos.
La victoria de los occidentales en su terreno fue muy importante el miércoles, pero en términos objetivos, el juego que puede provocar el desequilibrio es el de hoy. “El que gane este juego es el campeón”, reconocía Marlon Abea ayer.
Y es cierto. Porque aunque el Bóer sea un equipo de mucho respeto, la serie se le pondrá muy parada si son derrotados esta noche y les toca viajar a León mañana atrás 2-3. En cambio, una victoria les daría una flexibilidad enorme.
Así que el juego de hoy tiene una enorme trascendencia. Y la presencia de Pineda y del zurdo Deago, es un extraordinario atractivo.
Este juego, más que habilidades propiamente de estos clubes, debe poner a prueba la firmeza temperamental de cada uno. La presión es un factor de desequilibrio y quien la sepa controlar mejor, será quien se impondrá en esta batalla.
De ahora en adelante, se trata de un duelo de tres juegos a ganar dos. Y si ciertamente el Bóer lo asume desde esta perspectiva, de que todo comienza ahora, entonces estará listo para readquirir la fortaleza que no ha mostrado en los pasados dos juegos.
Pero si el recuerdo de haber dejado escurrir una ventaja de 2-0 logra atormentarlos, no importará mucho el talento de sus jugadores.