Adfell Vega*
Uno de los padres de la calidad total, Kauro Ishikawa, escribió en una de sus obras más notables, “Cuando se desea implementar una mejora, el principal adversario se encuentra en la propia organización y en la propia persona. Si no se logra vencer este peligro enemigo, no habrá progreso”, y vaya que tenía razón.
En los seminarios que he desarrollado sobre tópicos empresariales siempre formulo a los participantes la misma pregunta: “¿Qué necesitamos para mejorar e incrementar nuestra participación en el mercado nacional?”. Y la respuesta es invariablemente la misma: — “Conocer a la competencia y prepararnos mejor para ganarles”.
La respuesta nos sugiere que el problema no está en nuestra empresa, que se encuentra fuera de ella, pero si en la empresa todo está bien ¿por qué no somos los mejores? Parece un simple silogismo, pero no es tan sencillo como se cree; resulta difícil reconocer que los problemas los tenemos en nuestras propias organizaciones y que muchos de ellos se originan como producto de nuestros estilos de dirección y liderazgo.
Desde hace algunos años he dedicado buena parte de mi tiempo a realizar trabajos de investigación orientados a conocer aspectos de entorno empresarial nicaragüense y los resultados de este modesto esfuerzo han sido verdaderamente sorprendentes. Esta experiencia investigativa me ha permitido conocer que en Nicaragua muchas empresas importantes utilizan estilos gerenciales que en otras partes del mundo no se usan desde hace más de 20 años.
Toda regla tiene sus naturales excepciones y por ello es oportuno mencionar que esta afirmación no se puede generalizar, puesto que en la vida empresarial nicaragüense se pueden apreciar también modelos gerenciales dignos de ser emulados por socios de la región centroamericana. Algunas de las credenciales que respaldan el éxito de su trabajo lo encontramos en: Servicios de calidad, fabricación de productos altamente competitivos en el mercado nacional y regional, que hacen que sus negocios gocen de una actividad bastante redituable.
Desafortunadamente ésta no suele ser una práctica generalizada en la mayoría de las organizaciones nicaragüenses, y si buscamos, muchos son los responsables. Personalmente quisiera detenerme en lo que yo considero una de las causas de esta grave problemática. La gerencia o la manera de conducir un negocio.
Comencemos por analizar el papel del gerente. El Gerente o líder promedio en Nicaragua es por lo general, una persona que cree tener derecho de llegar tarde a su oficina, de encerrarse para evitar tener contacto con los demás trabajadores, de rostro duro, severo, cuyo lenguaje corporal comunica casi siempre que no tiene deseos de conversar con nadie porque tiene muchas cosas por resolver. El monitor de una computadora personal ha sustituido el rostro de sus trabajadores y las interminables montañas de papeles que descansan en sus enormes y modernos escritorios comunican a cualquiera que se atreva a profanar la parafernalia exquisita de su jornada, que su intervención es inapropiada pero como se encuentra dentro, debe ser muy breve para restaurar la “tranquilidad perdida”.
En conclusión, el gerente promedio es una persona que no se abre a sus trabajadores, a sus opiniones, ni discute con ellos algunos de los ingredientes que se necesitan para tener éxito en el mercado nacional.
Para muchos de los gerentes que se encuentran leyendo este pequeño trabajo quizá resulte un poco grosero y desagradable, pero les invito a que realicen una visita por las oficinas de muchos de sus colegas acompañados de una actitud de observación de cada uno de los detalles que mencioné y quizá me guarden menos rencor del que sienten ahora.
Esta descripción un poco grotesca de lo que sucede diariamente en pequeñas, medianas y grandes empresas nicaragüenses guarda mucha relación con los resultados de un trabajo de investigación que realicé recientemente sobre este tema y que comentaré de forma breve. De una muestra de 500 trabajadores pertenecientes a distintas empresas nicaragüenses, 480 es decir 96%, consideran que sus ideas podrían contribuir a incrementar las ganancias y tener más éxito en el mercado nacional.
De la misma muestra (500) solamente 45, es decir el 9%, consideran que sus sugerencias y recomendaciones podrían ser tomadas en cuenta por sus responsables intermedios, superiores o generales. Las cifras no están mintiendo, los trabajadores respondieron de acuerdo a las relaciones que se establecen en sus empresas y a la importancia que los responsables de esas organizaciones le atribuyen a sus opiniones.
Estas variables parecen evidenciar la relación tradicional y los estilos gerenciales entre los mandos intermedios, generales y el resto de los trabajadores. La frontera mal entendida entre el “yo lo sé todo y ustedes limítense a hacer lo que se les ha solicitado”, es una práctica que por sus resultados ha sido abandonada en los países desarrollados que se distinguen de los nuestros por construir una empresa que establece sus cimientos a partir de una nueva relación con sus trabajadores. La directiva participatoria japonesa y la producción sin defecto suelen ser el ejemplo contemporáneo más aleccionador en este sentido.
Muchas veces creemos ser mejor de lo que realmente somos y esto afecta no sólo la relación con todas las personas que laboran en la empresa, sino que constituye un duro revés para identificar nuevas oportunidades.
Los invito a realizar un recorrido por sus empresas. En sus trabajadores encontrarán muchas de las respuestas que están buscando para ser mejores y distinguirse de los demás.
* Investigador para Asuntos Empresariales.