Edgard Rodríguez [email protected]
Como hemos expresado, a los buenos equipos, como a los amigos, se les conoce mejor en los momentos duros. Ese momento ha llegado para los Indios, tras su derrota anoche en León. Para decirlo pronto, el carácter del Bóer está bajo escrutinio ahora.
La Final se ha nivelado a dos, pero no se requiere ser psicólogo para percibir ventaja en los leones. Ellos han venido de menos a más y le han perdido el respeto al conjunto que les había colocado la soga al cuello. Ahora pretenden hacer lo mismo ellos.
Nadie está a salvo de las derrotas y pese a las imprecisiones que mostró el Bóer anoche cuando se movía en las bases o cuando amagó tocar para después sacar rola buena para un doble play, se pudo captar un llamativo esfuerzo por capturar la victoria.
Es decir, León ganó con toda la legitimidad del caso frente a un Bóer que no fue a poner la cabeza aunque no logró necesariamente, ofrecer su mejor demostración ante un Diego Sandino émulo de Epifanio y Moya, y un Deago breve pero deslumbrante.
Aún sin llegar a rugir los Leones mostraron su estatura al imponerse en una dimensión distinta a la del juego anterior. La pólvora se ocultó (excepto para Roa) y ellos pudieron prevalecer a base de pitcheo hermético y defensa infranqueable. Así fue.
Ante tal situación, los Indios están obligados a extraer su mejor material para el partido de mañana, justo para el que tienen listo a Jairo Pineda, mientras los Leones mantienen calentando a Deago, el canalero que se acomoda como iniciador o taponero.
Cada juego de esta Final ha sido importante, pero el de mañana es “el de la balanza”. Un triunfo del Bóer le da una gran flexibilidad. Tanto que podrían perder en León y luego traer la serie a Managua con la esperanza de imponerse ante su gente.
Ahora, perder sería muy grave. Ir a León, con la serie cuesta arriba 2-3 y con Sandino ansioso por apretar las tuercas, es suficiente para atemorizar a cualquiera, incluso a los mismo Indios. Sin embargo, aún pueden ocurrir cosas. Hay que estar atentos.