Importa más la pobreza que el arbitraje

Ricardo Duarte Moncada* En días recientes, en el diario LA PRENSA, el doctor José Antonio Poveda Salvatierra, vicedecano de la Facultad de Derecho UNAN-León, en relación con la soberanía de Nicaragua sobre el río San Juan manifestaba lo siguiente: “no admitir bajo ningún punto de vista, un nuevo arbitraje como pretende Costa Rica, basado en […]

Ricardo Duarte Moncada*

En días recientes, en el diario LA PRENSA, el doctor José Antonio Poveda Salvatierra, vicedecano de la Facultad de Derecho UNAN-León, en relación con la soberanía de Nicaragua sobre el río San Juan manifestaba lo siguiente: “no admitir bajo ningún punto de vista, un nuevo arbitraje como pretende Costa Rica, basado en el Derecho Internacional, Tratado Cañas-Jerez y el Laudo Cleveland, originado por la Convención Román-Esquivel, la que en su Arto. VII precisa: la decisión arbitral, cualquiera que sea, se tendrá por tratado perfecto y obligatorio entre las partes contratantes, no admitirá recurso alguno…”, de donde se infiere que ambos Estados se comprometieron a dirimir su controversia admitiendo el laudo como solución definitiva.

Pareciera por lo atrás expresado que el señor vicedecano de la Facultad de Derecho UNAN-León no confía en los derechos de Nicaragua sobre el río San Juan al oponerse radicalmente a un “arbitraje internacional” para que aclare, defina o regule las pretensiones de Nicaragua y Costa Rica basado en los términos expresados en el Tratado Cañas-Jerez y el Laudo Cleveland, y al oponerse radicalmente a ese arbitraje (algo moral entre naciones o personas) y aconseja, sin decirlo claramente, que sea la violencia o el fusil quien dirima la discordia, y ese consejo por muy bajo tono que tenga es dañino para el destino común de dos pueblos hermanos, llamados por la geografía y por la historia a integrarse más y más, llevando de ese modo felicidad y paz a ambos pueblos.

El Laudo Cleveland es clarísimo: Nicaragua tiene la soberanía sobre las aguas del río San Juan y Costa Rica reconoce ese derecho cien por ciento, lo que se discute y requiere una aclaración es si Costa Rica, de acuerdo a ese laudo, que le concede “derechos de navegación en gran parte de su trayecto” pueden circular “policías con sus armas de reglamento” en esas aguas. Si las partes —Costa Rica y Nicaragua— están en desacuerdo sobre ese punto, lo lógico, lo prudente, lo justo no es sacar el fusil para dirimir la discordia sino buscar un árbitro, con el consentimiento de ambas partes, para que le ponga punto final a la discordia. Ese arbitraje dirá la última palabra sobre el tema en discusión, es decir, si esos policías ticos pueden circular libremente o no en esas aguas del río San Juan, cuya soberanía es de Nicaragua, así como el sumo imperio, puntos éstos que no están en discusión y son aceptados, como se dijo atrás, cien por ciento por Costa Rica.

En lo que sí estoy totalmente de acuerdo con el doctor Poveda Salvatierra, es que Nicaragua tiene que preocuparse más sobre las poblaciones aledañas al río San Juan, en las márgenes nicaragüenses, que actualmente están en total abandono, y buscan para sobrevivir el trasladarse al lado tico donde aparentemente hay pan y trabajo, y si esas condiciones de pobreza perduran por mucho tiempo, la soberanía sobre esas zonas corre peligro, no por una interpretación arbitral del Laudo Cleveland sino por el hambre de sus pobladores. El hambre es bien sabido, aconseja mal y esos malos consejos debemos evitar que lleguen a esos pobladores, que requieren como todos los humanos de pan y trabajo para sobrevivir.

Nicaragua y Costa Rica son países hermanos y esa hermandad no debe debilitarse en este siglo XXI, sino fortalecerse. Eso lo aconseja la inteligencia, y también el corazón, somos hermanos y la discordia debe eliminarse lo más pronto posible, para que el amor florezca en ambas márgenes del río San Juan. Un arbitraje ayudará a ese entendimiento. Una voz imparcial tendrá la última palabra y como hermanos no habrá vencedores o vencidos, triunfará el amor y la paz.

*El autor es Abogado.

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